Van Halen collage

Van Halen collage

martes, 15 de diciembre de 2015

Dos supergrupos más para acabar el año como es debido: Ten Commandos y Kind

La lista de los 10 mejores discos de 2015 ya está cerrada, aunque no me hubiera importado hacer algún anexo. Sobre todo porque, como me temía, alguna sorpresa de fin de año tenía que surgir. Y por partida doble, con la moda de los supergrupos, que ha supuesto la creación de Ten Commandos y Kind. Son dos propuestas radicalmente diferentes (grunge y stoner-doom) pero con una calidad fuera de toda duda, dos trabajos altamente disfrutables para unas fechas en las que nos invadirán con moñadas variadas, recopilaciones insípidas y otras gaitas de peor gusto. Nada menos que Matt Cameron y Ben Shepherd, batería y bajista de Soundgarden, están involucrados en Ten Commandos junto al desértico Alain Johannes (QOTSA) y el más desconocido Dimitri Coats (Off!). El experimento suena justo a lo que se podía esperar, además de contar con colaboraciones de lujo como la de Mark Lanegan en la inicial Staring Down The Dust. Desconozco la forma en la que se reparten después las tareas vocales, aunque creo que entre Coats, Johannes e incluso Cameron anda la cosa. Otro invitado, en este caso invitada, Nikka Costa, pone su voz en Come y uno de los momentos más destacados es la instrumental Sketch 9. Inconfundibles los punteos de Peter Frampton, un veterano guitar hero al que nunca he seguido mucho la pista salvo con Humble Pie. Casi todos los temas siguen un esquema parecido, más o menos lisérgicos (Outermost Sky) y algunos estribillos efectivos. El legado noventero de Seattle sigue intacto (Soundgarden, Alice In Chains, Mad Season, Pearl Jam, Nirvana...) y en algunos momentos me recuerdan a Them Crooked Vultures. Punto y aparte merece la penúltima Aware, con un desarrollo bastante largo, cambios de ritmo y un final apabullante. En general, el disco es bastante ameno, agradable de escuchar pese a que el grunge no es, ni de lejos, mi estilo preferido. Ya veremos si el proyecto tiene continuidad.


El caso de Kind es diferente, puesto que no conozco a ninguno de sus miembros pese a que algunos grupos implicados sí me suenan. Al parecer, todo surgió de una jam entre componentes de Black Pyramid, Elder, Rozamov y Roadsaw, que dio lugar al adelanto German For Lucy el verano pasado. Escuchándolo se ve rápidamente por dónde van los tiros. La semejanza con la densidad de los riffs que patentaron los maestros Kyuss es evidente, aunque también parece una variación extraña del Paranoid de Sabbath. En Rocket Science, su disco de debut, sólo hay ocho temas y cuatro de ellos sobrepasan los seis minutos. Es ahí donde se explayan a gusto con todo tipo de solos, voces graves, otras más suaves, sobre todo en la mastodóntica Hordeolum, que posee un ritmo pesado a más no poder. Mi favorita es Rabbit Astronaut, sobre todo por la intro de batería y el giro más stoner, aunque la anterior, Fast Number One, tampoco está nada mal precisamente por ganar algo de velocidad. El dúo que forman Pastrami Blaster y Siberia es curioso, van por otro camino debido al regusto blues que deja la primera, mientras que la otra es casi funky. El cierre de Ungry Undertaker resume perfectamente lo que buscan Kind: lenta, oscura, la canción va avanzando hasta un riff machacón, arrastrado, al que sigue un solo distorsionado de varios minutos. Queda claro que se trata de un experimento en estudio con varias influencias al que vale la pena hincarle el diente, eso sí, teniendo en cuenta lo que ofrece el menú. No es un plato ligero, sino de una digestión larga y paulatina. Igual que ocurre con Ten Commandos, les seguiremos por si se quedan en una anécdota o tiran hacia adelante. Tiempo al tiempo.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Concierto de Zodiac (La Boite, 10-12-2015): regreso al rock químicamente puro

Si hubiera una fórmula química para definir el rock, sin duda es la que utilizaron Zodiac el pasado jueves en la parada madrileña dentro de su gira española. Lo que muy pocos afortunados vivimos en la Sala Boite fue un regreso en toda regla al verdadero significado no sólo de un estilo musical, sino de una forma de vivir, de sentir, de disfrutar con lo que se hace hasta las últimas consecuencias. Lejos del lujo y oropel de los grandes estadios, los alemanes están recorriendo la Península con una furgoneta alquilada (la suya se averió), ellos mismos cargan con los bártulos para meterlos en la sala, se encargan de probar el sonido sin apenas tiempo y, por si fuera poco, nos deleitaron con un concierto memorable. Con visibles y lógicas muestras de cansancio, fueron de menos a más hasta poner patas arriba el diminuto recinto de la capital. El sonido también fue mejorando tras un inicio confuso, en plan bola casi inaudible, con los protagonistas algo fríos antes de entrar en calor a base de echarle ganas. Zodiac suenan mucho más contundentes en directo que en sus tres discos publicados hasta la fecha. Es extraño que no dieran más cancha a Sonic Child, su último trabajo, sobre todo teniendo en cuenta cómo subieron las revoluciones al tocar Swinging On The Run, Holding On o el blues con el que cerraron su actuación, A Penny And A Dead Horse. El cantante y guitarrista Nick Van Delft ejerce de líder absoluto, sobre todo con esos punteos al final de las canciones que tanto le gustan, o doblando los solos con Stephan Gall. Algunos temas alcanzan momentos épicos con esos duelos de guitarra que ya no se ven mucho. Ruben Claro, el bajista, también se hace cargo de los teclados y los coros, mientras que el batería Janosch Rathmer cumple su cometido con precisión.


Las influencias de la banda germana están muy claras, por lo que tienen inconveniente en tirar de versiones. En su repertorio ya es indispensable Cortez The Killer, de Neil Young, terreno abonado para que la guitarra asuma el control durante un rato bien largo. La otra fue Blue Jean Blues, su propia visión de ZZ Top que incluyeron en su brillante debut discográfico, A Bit Of Devil, del que cayeron una emocionante Coming Home (Van Delft y Claro bajaron a tocar entre el público), Diamond Shoes y el tema título. Completaron el set list con Free (otro momento destacado), Moonshine y Believer, pertenecientes al disco Hiding Place. A estas alturas se les veía muy cómodos en el escenario, sin importarles la paliza que llevaban encima. Tenía mérito lo que estaban haciendo, ya que otros grupos quizás hubieran optado por volver a casa al tener todos los elementos en contra. Sin embargo, pese a que Zodiac no ha ganado ningún concurso, no tienen apellidos ilustres y nadie les ha regalado nada, dieron una lección de profesionalidad difícil de olvidar. Sólo había que observar  la cara de satisfacción de la gente al final para darse cuenta de que grupos así son fundamentales para la supervivencia del rock. Sin poco que ganar y más cosas que perder, se presentan ante poco más de 200 personas dando todo lo que llevan dentro, con buenas caras, sin complejos, con un par de pelotas.  Esto se tiene o no se tiene, no se consigue en un laboratorio televisivo, aunque la gran mayoría (no saben lo que están dejando escapar) no sepa ni sabrá nunca quiénes son Zodiac.

martes, 8 de diciembre de 2015

Top Ten de 2015: los diez mejores discos de rock del año que está a punto de acabar

Se acerca el final de 2015 y toca elegir los mejores discos de rock del año. Hay mucho y muy bueno para construir un top ten que, por supuesto, nunca es definitivo. En la música, como en el cine y otras variantes culturales, sobre gustos no hay nada escrito. A alguien le puede parecer que el Book Of Souls de Iron Maiden es lo mismo de siempre, que no aporta nada, mientras que otros (entre los que me incluyo) puede pensar que han sabido reinventarse con un gran trabajo. Me ha costado un trabajo enorme reducir una larguísima nómina de candidatos que sobrepasaba las 20 novedades de un año que, en mi opinión, ha sido de los mejores y más prolíficos que recuerdo. Por eso me voy a dejar fuera, aunque por derecho deberían haber estado ahí, a Hamlet, Clutch, Blackberry Smoke, Black Star Riders, Europe, The Sword, Kadavar, Blues Pills, Black Stone Cherry, Stryper, Honeymoon Disease, Def Leppard, Ugly Kid Joe, Armored Saint y tantos otros. En fin, menos palabrería y vamos con ello en orden descendente para mantener la emoción hasta el final.

10. Biters: Electric Blood
La gran promesa desde Atlanta para los que disfruten del rock más gamberro, sencillo y sin más pretensiones que pasar un buen rato. Se les puede acusar de comerciales, de flirtear demasiado con el pop, pero lo cierto es que su primer disco es una joya en bruto. Himnos juveniles con el espíritu de Kiss, Thin Lizzy, Ramones, New York Dolls, Motley Crue... Habrá que seguirlos de cerca.

9. Iron Maiden: The Book Of Souls
Cada disco en estudio de esta institución del heavy metal británico más tradicional es un acontecimiento. Nunca se sabe cuándo dirán basta y conviene disfrutar de sus lanzamientos como si fuera a ser el último. En formato doble, recuperando el espíritu de Powerslave, demuestran estar en plena forma. Bruce Dickinson, ya recuperado de su enfermedad, se atreve hasta con el piano. Fundamental.

8. The Darkness: Last Of Our Kind
Los que para mí son herederos de Queen (hasta han fichado al hijo de Roger Taylor para la batería) nos han dejado su mejor obra desde Permission To Land. Mucho hard rock, coros grandilocuentes, los falsetes más controlados, vestimentas inverosímiles, ambigüedad, toda una coctelera de sabores con la guinda del buen gusto inglés. Amor u odio. Es imposible que este grupo te deje impasible.

7. Faith No More: Sol Invictus
Uno de los regresos más sonados y esperados de la década. Tras varias giras de reunión, decidieron meterse en el estudio y el resultado es inmejorable. Parece que no ha pasado el tiempo desde la separación. Sol Invictus es tan, tan Faith No More que hasta da miedo que entre a la primera siendo quiénes son. Geniales, inclasificables, la veteranía es un grado y ahora juega mucho a su favor.

6. Motor Sister: Ride
Concebido como un pasatiempo para el cumpleaños de Scott Ian, ha acabado convirtiéndose en una banda matadora. La base son los temas de Mother Superior cantados por el propio Jim Wilson, acompañado del guitarrista de Anthrax, Joey Vera y John Tempesta. Menuda caña de disco este Ride, no tiene desperdicio con toques punk, metal moderno y mucho guitarreo del bueno. Tremendo.

5. Ghost: Meliora
Ya son casi un fenómeno de masas. Muchos se los tomaban a broma por las máscaras, los disfraces y el numerito de Papa Emeritus, pero la fórmula funciona. Y más con discazos como Meliora. Una especie de AOR doom satánico capaz de mezclar las melodías más dulces con riffs metaleros. Cuentan con la ventaja de ser suecos, lo que garantiza la calidad. Ah, y en directo se salen.

4. Thunder: Wonder Days
Otro regreso que estaba cantado. Son tan buenos que era un desperdicio tenerlos separados con tanto buen rock británico por ofrecer. No tienen un disco malo, así de simple, y Wonder Days no podía ser una excepción. A lo Free o Bad Company, con mucha clase, superando también la enfermedad de alguno de sus miembros, creo que tenemos truenos para rato. Que no escampe nunca, por dios. 

3. Teenage Time Killers: Greatest Hits Vol. 1
Increíble que un proyecto de esta magnitud haya pasado tan inadvertido. Hay gente que odia a los supergrupos, pero esto es algo más, es el paraíso del punk y el hardcore. Resultaría imposible enumerar a todos los invitados de esta orgía liderada por Reed Mullin, de COC, que disparan un temazo tras otro hasta dejarnos exhaustos. En plan Ramones, a toda leche, 20 trallazos.

2. Graveyard: Innocence & Decadence
Suecia es la nueva cuna del rock sin inventar nada diferente, lo que tiene su mérito. Cada día surge de allí una banda que vale la pena y Graveyard son los abanderados del estilo más retro, blues, psicodélico, clásico... Les tenía un poco atravesados por la insistencia del cantante en acaparar protagonismo, pero con su nuevo disco me han ganado para la causa. Obra maestra sin discusión. 

1. The Dead Daisies: Revolución
Otro supergrupo ha publicado, en mi opinión, el mejor disco de 2015. Ya era hora de que se hiciera justicia con John Corabi, un pedazo de cantante y de músico, que aporta la brillantez que le faltaba a esta banda de viejos zorros. Hard rock de toda la vida, de muchos quilates, hecho con clase, disfrutando de cada segundo. Ojalá sigan adelante y no que quede en una anécdota. Medalla de oro. Una maravilla desde Mexico hasta Critical.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Crítica de Honeymoon Disease: The Transcendence (Napalm Records, 2015)

¡A por las suecas!, se supone que gritaba el desaparecido y genial José Luis López Vázquez en alguna de esas películas impagables del viejo cine español. La frase viene al pelo para meterle mano al análisis del enésimo grupo sueco que debuta con un disco brillante tomando como referencia las raíces del rock and roll. Honeymoon Disease se presentan con la particularidad de contar con dos féminas en su formación: la cantante/guitarrista rítmica Jenna y Acid como la guitarrista principal. Les acompañan el bajista Admiral y el batería Jimi, dos personajes melenudos con bigote sacados de cualquier telefilme ochentero de moteros cutres. De hecho, la imagen del grupo está muy asociada a los ruidosos vehículos de dos ruedas, cuyas fotos, junto a unas calaveras, ilustran el interior y la contraportada de The Transcendence. Con estas premisas, la propuesta musical parecía ser inmejorable y, efectivamente, mis sospechas han dado en el clavo. No sé qué demonios comen allí arriba para que salgan bandas de tanta calidad cada dos por tres. Será que hay pocas horas de sol, que se aburren y se ponen a hacer música, en fin, que yo cuando veo que son de procedencia escandinava, directamente me froto las manos. El filón descubierto por Hellacopters tras sus inicios más punkeros sigue dando resultado y, de hecho, pese a que en la pegatina de la portada dice que HD es para fans de Deep Purple, Thin Lizzy y Rainbow (que también), yo les veo más cerca del estilo retro con el que Nick Royale y sus huestes nos dejaron una joya tras otra antes de separarse. Llegaron a ser tan grandes, sobre todo en su país, que se han convertido en una referencia directa para las nuevas generaciones aspirantes a ocupar su trono. Imperial State Electric, los herederos directos capitaneados por el propio Nick, están en ello, aunque todavía les falta camino por recorrer.


Los once temas del primer disco de Honeymoon Disease van por estos derroteros. Es verdad que tienen más influencias, como los toques a lo Runaways, Jefferson Starship, ZZ Top o Status Quo, lo que completan una obra perfecta para disfrutar del rock clásico con el inconfundible sello de calidad y buen gusto suecos. Yo tengo debilidad por esta gente, lo siento, igual es un problema, pero es que todos me parecen buenísimos. Me resulta imposible resistirme a un inicio de cinco canciones tan atractivas como son Higher, Stargazer, Imperial Mind, Gotta Move y You're Too Late. La primera es un viaje en el tiempo psicodélico a los 70 con unos juegos de voces y un punteo final impensables para unos novatos. Las otras, más sencillas, son precisamente eso, cuatro disparos rockeros que dan en el blanco. Bajan un poco el pie del acelerador en Break Up, que junto a Brand New Ending, son los momentos más tranquilos (sin ser baladas) de este trabajo tan prometedor. No me atrevería a decir de Jenna es la nueva Janis Joplin, porque eso son palabras mayores y tiene muchos rivales femeninos en la actualidad (Blues Pills sería el principal), aunque dota al conjunto de un espíritu hippie, un aire de aquellos festivales míticos tipo Woodstock. En cuanto a los solos de guitarra, innumerables y bien ejecutados, dejan en segundo plano a la base rítmica. Fast Love fue su carta de presentación, un single efectivo, rápido, que te pone las pilas de forma inmediata. El final in crescendo de Keep Me Spinning es el más adecuado para una segunda parte de The Transcendence más pausada, que esconde una pequeña pieza instrumental con piano en los últimos segundos. A ver si hay suerte y algún promotor los trae por aquí para comprobar cómo se las gastan en directo. La fiabilidad nórdica ya está superando a la alemana y, además, sin trucos contaminantes en el motor. El de Honeymoon Disease ruge como una fiera, una Harley desbocada por las carreteras polvorientas de una película de serie B. Y eso que eran mejores las de Mariano Ozores, sobre todo por las suecas...      

sábado, 28 de noviembre de 2015

Concierto de Ghost (La Riviera, 25-11-2015): sigue la escalada hacia el infierno

Siempre pasa lo mismo. Te tiras varios meses sin llevarte ningún concierto a la boca y luego se agolpan varios consecutivos. No me quejo, porque el otoño ha venido bien cargado en Madrid, pero podrían repartirlos mejor en el tiempo. La semana pasada le tocó el turno a un triplete bastante atractivo de grupos nuevos, uno con más trayectoria que lleva camino (sino lo ha hecho ya) de acabar entre los grandes, y otros dos (Scorpion Child y Crobot) que luchan por abrirse paso echándole un par de pelotas. Igual no es exacto catalogar a Ghost de banda novel, ya que en verano publicaron su tercer disco, pero es sólo han pasado cinco años desde que salió Opus Eponymus, un debut que confirmaba todo lo bueno que de los suecos (cómo no) contaban muchos músicos relevantes. La vida les ha ido de maravilla desde entonces ayudados por ese halo de misterio que les rodea, las máscaras que ocultan su cara, los rumores sobre su verdadera identidad y, sobre todo, por la calidad de sus canciones. Papa Emeritus III (sigo alucinando con esa voz aterciopelada) y los nameless ghouls (cada vez tocan mejor) se han colocado ya en la primera fila del rock agotando entradas mientras su popularidad y las ventas se disparan. Las críticas elogiando Meliora, su último disco, han sido unánimes, y el pasado miércoles lo presentaron en una Riviera casi llena.


Fue allí donde volví a confirmar que, en directo, su estilo tan inclasificable gana muchos enteros. Suenan mucho más compactos, duros y rotundos que en las producciones, para mi gusto, un poco dulcificadas del estudio. Eso sí, que nadie busque voces guturales, gritos y gruñidos, todo lo contrario. Resulta muy complicado hacer funcionar una extraña mezcla de doom oculista, aor, metal y pop, pero encima de un escenario se superan. Liberados del excesivo inmovilismo de sus inicios, se han convertido en una banda hasta simpática, que conecta con la gente pese a la temática oscura y satánica. Ni en sus mejores sueños habrían imaginado al público cantando de memoria himnos como Ritual, Per Aspera Et Inferi, Year Zero, Zombie Queen o los nuevos Spirit, Cirice, Body And Blood, Mummy Dust y tantas otras. No faltó la versión de If You Have Ghosts y los momentos más especiales se vivieron con He Is (melodía increíble) y el bis de Monstrance Clock con toda la sala coreando sin música el estribillo mientras el grupo se despedía. Me gustó mucho la disposición de la batería y los teclados a ambos lados de la tarima, las luces muy acordes con el ambiente siniestro, lo que contrastó con los comentarios cachondos de Emeritus o la broma de las fans disfrazadas de monjas. Muy buena nota, sobresaliente, para Ghost, cuya escalada hacia del cielo rockero (a ellos les gustaría más hacia el infierno) no puede hacer más que allanarse.

  

jueves, 26 de noviembre de 2015

El EP gratuito de Foo Fighters: ¿es Grohl un oportunista o un genio agradecido?

Múltiples y muy variopintas han sido las reacciones del mundo de la música tras los brutales atentados de París. He leído y escuchado todo tipo de dedicatorias justificadas ante algo que espero no se vuelva a producir. En este sentido, el pasado lunes vio la luz un nuevo EP de Foo Fighters, que ya se venía anunciando desde hace tiempo con una cuenta atrás en la web del grupo. Sin embargo, inmediatamente fue asociado a lo sucedido en Bataclan y otros lugares de la capital francesa el 13 de noviembre. El hecho de que las cinco canciones se puedan descargar de forma gratuita dio lugar a titulares del estilo "Foo Fighters sacan un disco gratis como homenaje a las víctimas" o frases muy parecidas. No tardaron en aparecer también las voces acusando a Dave Grohl de oportunista, sobre todo porque parece algo evidente y, para qué vamos a engañarnos, porque el líder de la banda norteamericana tiene muchos detractores. Pues bien, no entiendo ni una cosa ni la otra partiendo de que no soy nada objetivo al hablar del que fuera batería de Nirvana. Me parece un genio, un tipo siempre metido en multitud de proyectos (cada uno mejor que el anterior) al que sólo le perjudica, en mi opinión, haber tenido éxito. No le conozco personalmente, pero es evidente que disfruta cada segundo de lo que hace, talento le sobra, y encima parece ser un buen tío. Detalles como las tres horas de concierto que nos regaló hace cuatro años en Madrid con todos los elementos en contra no se olvidan. Aquel día se convirtió en uno de mis ídolos y por eso creo que muchos se equivocan al ponerle a parir. Además, sólo hay que detenerse a leer las cosas con atención para no meter la pata. En la carta que acompaña el mencionado EP, el propio Grohl deja muy claro que las canciones estaban hechas antes de la tragedia. Simplemente, aprovecha el mensaje para lamentar lo que ocurrió, mostrar sus condolencias y luego explica con detalle el proceso de grabación. Nada más. El que quiera ver algo más tiene un problema. Y si el lanzamiento es gratuito es porque le da la gana, porque quiere y puede hacerlo. Seguro que lo tenía previsto antes de tan tristes acontecimientos.


Musicalmente hablando, los cinco temas de este Saint Cecilia me han convencido plenamente. Nos los veo como las típicas caras B desechadas pese a haber sido compuestas en los ratos libres de la última gira. Lo mejor es que suenan a los Foo Fighters clásicos, algo que se había perdido en el conceptual Sonic Highways. La canción que da título a la obra y Sean podrían estar perfectamente en cualquiera de los trabajos anteriores de la banda, mientras que Savior Breath es un trallazo a lo Motorhead en toda regla. Se echaba en falta más adrenalina tipo White Limo, del fantástico Wasting Light en cuyo vídeo sale precisamente Lemmy, y aquí la liberan a raudales. En el plano opuesto está la acústica Iron Rooster, con un estribillo marca de la casa, de esos que Dave de la manga casi sin querer. Para el final dejan The Neverending Sigh, muy completa, enérgica, con un postrero solo de guitarra que se corta mientras va bajando el volumen. Es una pena, porque suena de muerte. En principio, el EP sólo está a la venta en formato físico como vinilo, supongo que con motivo del Black Friday, y desconozco si saldrá en cd. Las descargas digitales gratuitas están disponibles desde el pasado lunes en la web del grupo. La gira europea (con fecha en Barcelona incluida) que ha sido cancelada hace poco por culpa de los atentados habría sido una buena oportunidad de presentarlo. Ahora tendremos que esperar, porque tampoco les he visto anunciados en los carteles de los festivales veraniegos de 2016. No me extrañaría que al final se apuntaran o que nos sorprendan con alguna otra novedad. Grohl lleva muy mal lo de estar parado (ni con una pierna escayolada lo hizo) para desesperación de los más críticos. Mal que les pese, es una de las pocas estrellas del rock actual capaz de coger el relevo a los más grandes. Un tipo que grabó él solo el disco debut de Foo Fighters o que se rumorea está detrás de la batería de los aor-satánicos Ghost, que tiene otro grupo con John Paul Jones, entre otras muchas actividades, no tiene que demostrar nada a nadie. Sólo seguir igual hasta que su cuerpo, y el nuestro, aguanten.    

lunes, 23 de noviembre de 2015

Concierto de The Sheepdogs (Caracol, 20-11-2015): la elección de una noche perfecta

Al final acerté escogiendo el concierto de The Sheepdogs. Tenía dudas por la coincidencia de la visita a Madrid de los canadienses y la de Kadavar, aunque, tras lo que vi el pasado viernes en la sala Caracol, menos mal que me decidí por los primeros. Jamás me habría perdonado perderme una actuación que fue, sencillamente, perfecta. Lo primero que quiero destacar es la altísima calidad del sonido. Ya sea por méritos del recinto, el técnico o el propio grupo, hacía mucho tiempo (quizás nunca) que no escuchaba algo de forma tan nítida en directo. Ni muy alto, ni bajo, sin acoples, fallos ni nada que se le parezca. Se podían distinguir todos los instrumentos sin apenas esfuerzo, las canciones sonaron a gloria para completar una noche de rock and roll clásico difícil de superar. En medio de un aforo poco agobiante se estaba muy a gusto, casi como en casa, lo que también ayudó bastante al éxito total. No hubo intro rimbombante ni sintonías pregrabadas. Simplemente, se abrió el doble telón y detrás aparecieron los perros ovejeros, que presentaban el genial Future Nostalgia, su quinto trabajo hasta la fecha. Ya en ese momento, los acordes de Gonna Be Myself se deslizaron por los altavoces de forma sublime, cristalina. Lo que vino a continuación me dejó sin palabras. El cantante y guitarrista Ewan Currie, su hermano Shamus en los teclados y el trombón (pieza vital de la banda situado en primera línea), el bajista Ryan Gullen, el guitarrista Jimmy Bowskill y el batería Sam Corbett dieron una lección, casi sin despeinarse, de cómo homenajear a las raíces del rock dándole su propio toque personal e intransferible. Una mezcla de pasado (Stones, Beatles) y presente (ecos de Black Keys, Black Crowes) ejecutada con una aparente normalidad que, precisamente, creo que es el secreto de una fórmula muchas veces repetida, aunque no con tanta clase.


No pudieron escoger mejor los temas nuevos. Los más movidos como Bad Lieutenant, Same Old Feeling, Downtown, Back Down, Take A Trip resultaron hasta más convincentes que en estudio, y ya es complicado, mientras que Jim Gordon fue uno de los grandes momentos de la velada. Creo que fue ahí cuando se cambiaron de puesto e instrumento los hermanos demostrando su enorme valía como músicos. El resto de un set list que nunca decayó estuvo compuesto por canciones de su anterior disco de título homónimo (Feeling Good, The way It Is o Ewan's Blues) y de los igualmente atractivos Learn&Burn, Trying To Grow y Big Stand. Había leído que son muy sosos en el escenario, pero se fueron animando poco a poco, sobre todo en los punteos de guitarra, y dirigiéndose al público pese a no saber ni una palabra de español. Para los bises nos esperaba lo mejor, si es que podían ofrecer algo superior a lo que habían hecho antes. Dos versiones rindiendo un merecido tributo a artistas inmortales como Crosby, Stills, Nash & Young (Almost Cut My Hair) y el propio Neil con un Down By The River soberbio. No las clavaron sin más, sino que las aderezaron con su propia salsa dejando muy claro quiénes son, de dónde vienen y a dónde van. Lo digo porque no creo que tengan intención de 'evolucionar' para buscar convertirse en unos superventas. Es más, sospecho que incluso indagarán un poco más en esa nostalgia futura que tan bien saben conjuntar. Igual me equivoco y pegan el pelotazo (más que merecido lo tienen), aunque es un lujazo asistir a este tipo de conciertos en salas reducidas. Somos pocos en lugares que poca gente conoce... Pues no saben lo que se pierden.