Bryan Adams siempre ha sido, es y será una de mis debilidades. Admito que lleva mucho tiempo viviendo de las rentas, siendo noticia por cosas diferentes a la música, pero tras lo visto a finales del mes pasado en Vistalegre, cualquier duda sobre su talento quedó despejada. Sobre todo, porque aún disfruta de lo que hace, un aspecto vital para seguir llenando grandes recintos después de tantos años de carrera. Rodeado de unos músicos increíbles, el canadiense demostró que sabe rockear, entretener y emocionar con la misma soltura de siempre. Fue un concierto soberbio, muy completo, con un sonido hasta bueno pese a dónde de celebró, y con un cierto regusto británico. Y es que había mucha clase sobre el escenario, tablas, experiencia, buen humor y una larga ristra de temazos por los que cualquier artista mataría. Adams venía a presentar Get Up, su nuevo disco en el que ha recuperado algo la chispa perdida, que contiene un puñado de canciones perfectas para interpretar en directo. Ahí arriba ganan bastantes enteros. Luego entramos en el mundo, la galaxia, la dimensión Reckless. Una obra maestra sin discusión que hace poco cumplió 30 años. Aunque hubieran pasado 100, himnos como Summer Of 69, Run To You, She's Only Happy When She's Dancing, Heaven (les quedó de lujo), Kids Wanna Rock, Somebody o It's Only Love no habrían perdido ni un ápice de frescura. Son un regalo no sólo para cualquier seguidor del rock, sino para el ser humano. La música existe, es lo que es, significa tanto para muchos (para mí es la vida misma) por canciones así. Impresionantes.
Lógicamente, Bryan fue el centro de todas las miradas, de las mejores tomas en las pantallas a ambos lados y dentro del escenario. Sin embargo, me fijé en la forma que tuvo de compartir protagonismo con el grupazo que le acompaña. El fino guitarrista Keith Scott se acercó a menudo a cantar con él mientras derrochaba kilates de calidad con las seis cuerdas. Ya fuera en formato eléctrico (hubo momentos de auténtico hard rock cañero) o acústico, demostró tener un nivel altísimo, complicado de encontrar hoy en día. Lo mismo se puede decir del batería Mickey Curry (pocos saben que estuvo tras los tambores de un disquito llamado Sonic Temple), del bajista Norm Fisher y el teclista Gary Breit. Además de las mencionadas joyas de Reckless, en el set list se fueron alternando temas nuevos y viejos hits de Waking Up The Neighbours, Cuts Like A Knife, 18 Til' I Die, baladas de bandas sonoras... Fue al final, ya en los bises, tras la fiesta rockandrolera del C'mon Everybody de Eddie Cochran, cuando el polifacético compositor se desnudó ante el público. Con Vistalegre a oscuras y un foco apuntándole, cogió su guitarra (casi nunca se separa de ella) para tocar en solitario She Knows Me, la cautivadora Straight From The Heart y All For Love, que fue coreada por el Palacio al unísono. Final perfecto para una noche perfecta repleta de detalles imperceptibles para los que se quedan con el Bryan Adams del anuncio, el fotógrafo, la balada ñoña (nunca lo son). Para los demás, al menos para mí, este señor se merece el mayor de los respetos. Un caballero. 10 de 10, Mr. Adams.
Rock&Roll: género musical de ritmo marcado, derivado de una mezcla de diversos estilos de la cultura folklórica estadounidense, (doo wop, rhythm&blues, hillbilly, blues, country y western son los más destacados) y popularizado desde los 50 hasta nuestros días.
Van Halen collage
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domingo, 14 de febrero de 2016
sábado, 28 de noviembre de 2015
Concierto de Ghost (La Riviera, 25-11-2015): sigue la escalada hacia el infierno
Siempre pasa lo mismo. Te tiras varios meses sin llevarte ningún concierto a la boca y luego se agolpan varios consecutivos. No me quejo, porque el otoño ha venido bien cargado en Madrid, pero podrían repartirlos mejor en el tiempo. La semana pasada le tocó el turno a un triplete bastante atractivo de grupos nuevos, uno con más trayectoria que lleva camino (sino lo ha hecho ya) de acabar entre los grandes, y otros dos (Scorpion Child y Crobot) que luchan por abrirse paso echándole un par de pelotas. Igual no es exacto catalogar a Ghost de banda novel, ya que en verano publicaron su tercer disco, pero es sólo han pasado cinco años desde que salió Opus Eponymus, un debut que confirmaba todo lo bueno que de los suecos (cómo no) contaban muchos músicos relevantes. La vida les ha ido de maravilla desde entonces ayudados por ese halo de misterio que les rodea, las máscaras que ocultan su cara, los rumores sobre su verdadera identidad y, sobre todo, por la calidad de sus canciones. Papa Emeritus III (sigo alucinando con esa voz aterciopelada) y los nameless ghouls (cada vez tocan mejor) se han colocado ya en la primera fila del rock agotando entradas mientras su popularidad y las ventas se disparan. Las críticas elogiando Meliora, su último disco, han sido unánimes, y el pasado miércoles lo presentaron en una Riviera casi llena.
Fue allí donde volví a confirmar que, en directo, su estilo tan inclasificable gana muchos enteros. Suenan mucho más compactos, duros y rotundos que en las producciones, para mi gusto, un poco dulcificadas del estudio. Eso sí, que nadie busque voces guturales, gritos y gruñidos, todo lo contrario. Resulta muy complicado hacer funcionar una extraña mezcla de doom oculista, aor, metal y pop, pero encima de un escenario se superan. Liberados del excesivo inmovilismo de sus inicios, se han convertido en una banda hasta simpática, que conecta con la gente pese a la temática oscura y satánica. Ni en sus mejores sueños habrían imaginado al público cantando de memoria himnos como Ritual, Per Aspera Et Inferi, Year Zero, Zombie Queen o los nuevos Spirit, Cirice, Body And Blood, Mummy Dust y tantas otras. No faltó la versión de If You Have Ghosts y los momentos más especiales se vivieron con He Is (melodía increíble) y el bis de Monstrance Clock con toda la sala coreando sin música el estribillo mientras el grupo se despedía. Me gustó mucho la disposición de la batería y los teclados a ambos lados de la tarima, las luces muy acordes con el ambiente siniestro, lo que contrastó con los comentarios cachondos de Emeritus o la broma de las fans disfrazadas de monjas. Muy buena nota, sobresaliente, para Ghost, cuya escalada hacia del cielo rockero (a ellos les gustaría más hacia el infierno) no puede hacer más que allanarse.
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