Las prisas es lo que tienen. Al final siempre hay algo que sale mal, o al menos no como estaba previsto. El elevadísimo precio de las entradas me había hecho descartar acudir al concierto de Winery Dogs en su segunda visita a Madrid. Según se acercaba la fecha me fue picando el gusanillo y al final no falté a la cita. Nunca se puede despreciar la ocasión de ver juntos a tres talentos tan enormes (Kotzen, Sheehan y Portnoy), por lo que a última hora cambié de opinión sin prestar demasiada atención al grupo telonero. Tremendo error el mío, ya que los ingleses Inglorious acaban de facturar un discazo con mayúsculas de hard rock y heavy metal tradicional que, a buen seguro, merece la pena escuchar en directo. Capitaneados por el cantante Nathan James, cuyo torrente de voz la hace rivalizar desde ya con los mejores del género, su primer disco es una joya de principio a fin. Le acompañan los guitarristas Wil Taylor y Andreas Eriksson, mientras que del bajo y la batería se encargan, respectivamente, Colin Parkinson y Phil Beaver. Puedo asegurar que ninguno de ellos desentona en temas que mezclan lo mejor de Deep Purple (Until I Die, Breakaway), Free (Holy Water), Whitesnake (High Flying Gipsy), Led Zeppelin (Inglorious)... No son referencias de escaso valor a las que ellos imprimen su sello personal, un toque moderno que redondea una obra de altísima calidad. Baladas como la épica Bleed For You o Wake no son fruto de la casualidad, sino de un trabajo hecho a conciencia que no debería pasar inadvertido. Mala suerte, me los perdí como aperitivo de la banda protagonista en la Joy Eslava, que suena bastante bien pese a tener otros problemas, y es algo de lo que me arrepiento de verdad. Espero cogerles por banda en otra ocasión, porque me juego lo que sea a que no decepcionan.
Y vamos con lo gordo: The Winery Dogs. Lo primero, el sold out hizo que en la sala se congregara mucha más gente de la que realmente cabe. Literalmente, había personas subidas en los focos del último piso. Segundo punto, algunos/as no sabían lo que estaban viendo o no les interesaba mucho, ya que estaban sentados/as en los sillones en plan discoteca sólo pendientes del móvil. Lamentable actitud, sobre todo porque los seguidores de verdad, aunque entramos con el tiempo justo, nos tuvimos que buscar un mínimo hueco entre la multitud para intentar disfrutar del concierto. Tercero, la banda toca sobrada, es impresionante el dominio que tiene de los instrumentos (lo de Portnoy con la batería es de otra galaxia), aunque vi a Richie Kotzen bastante desmejorado. Con la guitarra lo bordó, porque la técnica, el feeling, el soul, se le caen de los bolsillos. Lo malo es que parecía estar recién levantado, con mala cara y pinta de mendigo. Lo digo con el máximo de los respetos hacia un artista enorme al que sigo desde los tiempos de Poison. Igual tuvo una mala noche, mientras que Billy Sheehan nos asombró de nuevo martilleando el bajo sin piedad, a una velocidad endiablada, mostrando recursos que sólo una leyenda así es capaz de dominar. Cuarto asunto destacable. En mi opinión, el disco debut de Winery Dogs es bastante superior al Hot Streak que venían a presentar. Elevate o Desire, que de forma inteligente se guardaron para el final de su actuación, están un poco por encima de cualquier canción nueva. Ojo, que Oblivion, Hot Streak, Captain Love o la emotiva Fire alcanzan un nivel sobresaliente, técnicamente perfecto, y se ajustan como un guante al repertorio de los americanos. Punto final: no faltaron los solos de bajo y batería, cortos y poco cansinos, lo cual se agradece teniendo en cuanta de lo que serían capaces estos monstruos. Por separado podrían dar un clinic magistral de su especialidad, juntos forman una sociedad ilimitada de hard rock, blues, progresivo y hasta unas gotas de jazz. Son muy buenos, un lujo para los oídos, quizás demasiado para aquellos que sólo van a figurar y trastear con el puñetero smartphone.
Rock&Roll: género musical de ritmo marcado, derivado de una mezcla de diversos estilos de la cultura folklórica estadounidense, (doo wop, rhythm&blues, hillbilly, blues, country y western son los más destacados) y popularizado desde los 50 hasta nuestros días.
Van Halen collage
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martes, 23 de febrero de 2016
sábado, 13 de febrero de 2016
Póker de ases: The Cult, Monster Truck, The Temperance Movement y Last In Line
Tengo que recuperar el tiempo perdido. No paran de salir discos nuevos interesantes en este inicio de 2016 y, de momento, voy a meter en el mismo post a cuatro de ellos. Empiezo por los más mediáticos, si se puede decir así, los británicos The Cult. Llegan ya a su décimo trabajo en estudio con un Hidden City que cumple de sobra con las expectativas. Mezcla de su parte más rockera y con la espiritual, no cabe duda de que Astbury y Duffy (una pareja ya mítica a la altura de las clásicas) son incapaces de hacer algo malo o simplemente, regular. Está claro que Ian ya no tiene la voz de antaño, pero ha sabido evolucionar, mientras que el guitarrista mejora como el vino. Destila clase en cada riff, cada solo, es increíble que no reciba más reconocimiento. La producción de Bob Rock, otro maestro, hace que cada instrumento suene a gloria, en su sitio. ¿Temas destacados? Todos. Me quedo con la trilogía inicial, la oscuridad de In Blood o Birds Of Paradise, Hinterland es maravillosa y GOAT (esa batería de Tempesta) nos devuelve a los tiempos de Electric. Casi nada. Avalanche Of Light está entre las mejores canciones de su carrera igual que Heathens... No tiene desperdicio. The Cult son una institución, lo saben y actúan en consecuencia. Indispensables una vez más, y van..
Ingleses son también, aunque mucho más recientes, The Temperance Movement. Bebiendo de las fuentes más clásicas del género, me sorprendieron hace tres años con su debut. Se les acusó de copiar en exceso a Black Crowes (menudo problema) y quizás por eso han querido dar una vuelta de tuerca a su estilo en White Bear. Tuve la suerte de verles en directo en una pequeña sala, donde me convencieron de que tienen su propia personalidad. La voz de Phil Campbell es increíble, se lleva casi todo el protagonismo dentro de una propuesta que une blues, psicodelia, rock and roll, soul... Todo es muy básico pese al barniz moderno que le han aplicado a los temas de su nuevo disco. Me quedo con los más potentes como Three Bulleits, Get Yourself Free, Modern Massacre o The Sun And Moon Roll Around Too Soon. Sin embargo, mi favorito es el que da título a su segunda obra. Tras un inicio brutal de slide, la cosa se suaviza para explotar de nuevo con el puente hacia el estribillo escondido. Me parece una montaña rusa originalísima. Oh Lorraine nos propone un blues del siglo XXI con armónica en plan bucle y un ritmo de bajo martilleante. Un experimento que mal no les ha quedado. Acaban con una balada preciosa, melancólica y cadenciosa. La típica despedida tranquila para calmar los nervios. Ya veremos hasta dónde pueden llegar.
Viajamos ahora hasta Canadá para analizar el segundo y esperado disco de Monster Truck. Aupados por el revival de los viejos sonidos hard rock, southern y blues, este grupo me explotó en la cara con Furiosity también hace tres años. Fue un debut bestial, sin descanso, como un tren desbocado al que no le importa empotrarse contra el tope de la vía muerta. Por los mismos derroteros discurre Sittin' Heavy, incluidos esos teclados de fondo que tanto empaque le dan al conjunto. Destacan algunos matices novedosos, eso sí, en canciones que rompen la alta intensidad eléctrica. Son los casos de For The People, Black Forest (la mejor) y Enjoy The Time. El vozarrón grave de Jon Harvey les viene como anillo al dedo y sus compañeros cumplen a la perfección para que el ritmo, que a veces puede parecer repetitivo, no decaiga en ningún momento. Coros y estribillos que se quedan marcados a fuego hay un montón (Don't Tell Me How To Live, Things Get Better, The Enforcer), y son más que adecuados para gritarlos en directo. Tengo ganas de ver a esta gente, aunque en la inminente gira europea España se ha quedado fuera. Igual en los festivales de les pillo.
Para acabar este repaso express, no puedo olvidarme del Heavy Crown de Last In Line. No sé si está concebido como el enésimo homenaje a Dio, pero es el más brillante en mi opinión. Los músicos que acompañaron al pequeño cantante en aquel disco inolvidable se juntaron para versionarlo y después decidieron crear uno nuevo, con canciones inéditas de mucha calidad interpretadas con sumo gusto. Otra cosa no de podía esperar del talento indiscutible de Vivian Campbell (guitarrista), Jimmy Bain (bajo) y Vinny Appice (batería). Los dos últimos formaron la base rítmica más precisa y contundente que he escuchado nunca en el heavy metal. Este trabajo sirve como obra póstuma de Bain, que falleció en el último mes de enero negro que ha vivido el rock. Por si las referencias fueran poco válidas, han encontrado un vocalista, Andrew Freeman, que no le anda a la zaga a Ronnie James. Se echaban de menos las cabalgadas guitarreras de Campbell (Def Leppard es otro mundo) como las de Martyr, I Am Revolution y Already Dead. De verdad, parece que estamos escuchando cualquier trabajo de la época más prolífica del propio Dio. El parecido es asombroso y el que tuvo, retuvo. Son como un reloj suizo, perfecto en su estilo, sin despreciar los tópicos del género, aunque sin sonar trasnochados. Al revés, los solos y las melodías de las canciones más pausadas desprenden frescura. Es un señor disco que seguramente pasará bastante inadvertido. Otro de tantos que irán pasando por aquí.
Viajamos ahora hasta Canadá para analizar el segundo y esperado disco de Monster Truck. Aupados por el revival de los viejos sonidos hard rock, southern y blues, este grupo me explotó en la cara con Furiosity también hace tres años. Fue un debut bestial, sin descanso, como un tren desbocado al que no le importa empotrarse contra el tope de la vía muerta. Por los mismos derroteros discurre Sittin' Heavy, incluidos esos teclados de fondo que tanto empaque le dan al conjunto. Destacan algunos matices novedosos, eso sí, en canciones que rompen la alta intensidad eléctrica. Son los casos de For The People, Black Forest (la mejor) y Enjoy The Time. El vozarrón grave de Jon Harvey les viene como anillo al dedo y sus compañeros cumplen a la perfección para que el ritmo, que a veces puede parecer repetitivo, no decaiga en ningún momento. Coros y estribillos que se quedan marcados a fuego hay un montón (Don't Tell Me How To Live, Things Get Better, The Enforcer), y son más que adecuados para gritarlos en directo. Tengo ganas de ver a esta gente, aunque en la inminente gira europea España se ha quedado fuera. Igual en los festivales de les pillo.
Para acabar este repaso express, no puedo olvidarme del Heavy Crown de Last In Line. No sé si está concebido como el enésimo homenaje a Dio, pero es el más brillante en mi opinión. Los músicos que acompañaron al pequeño cantante en aquel disco inolvidable se juntaron para versionarlo y después decidieron crear uno nuevo, con canciones inéditas de mucha calidad interpretadas con sumo gusto. Otra cosa no de podía esperar del talento indiscutible de Vivian Campbell (guitarrista), Jimmy Bain (bajo) y Vinny Appice (batería). Los dos últimos formaron la base rítmica más precisa y contundente que he escuchado nunca en el heavy metal. Este trabajo sirve como obra póstuma de Bain, que falleció en el último mes de enero negro que ha vivido el rock. Por si las referencias fueran poco válidas, han encontrado un vocalista, Andrew Freeman, que no le anda a la zaga a Ronnie James. Se echaban de menos las cabalgadas guitarreras de Campbell (Def Leppard es otro mundo) como las de Martyr, I Am Revolution y Already Dead. De verdad, parece que estamos escuchando cualquier trabajo de la época más prolífica del propio Dio. El parecido es asombroso y el que tuvo, retuvo. Son como un reloj suizo, perfecto en su estilo, sin despreciar los tópicos del género, aunque sin sonar trasnochados. Al revés, los solos y las melodías de las canciones más pausadas desprenden frescura. Es un señor disco que seguramente pasará bastante inadvertido. Otro de tantos que irán pasando por aquí.
sábado, 12 de diciembre de 2015
Concierto de Zodiac (La Boite, 10-12-2015): regreso al rock químicamente puro
Si hubiera una fórmula química para definir el rock, sin duda es la que utilizaron Zodiac el pasado jueves en la parada madrileña dentro de su gira española. Lo que muy pocos afortunados vivimos en la Sala Boite fue un regreso en toda regla al verdadero significado no sólo de un estilo musical, sino de una forma de vivir, de sentir, de disfrutar con lo que se hace hasta las últimas consecuencias. Lejos del lujo y oropel de los grandes estadios, los alemanes están recorriendo la Península con una furgoneta alquilada (la suya se averió), ellos mismos cargan con los bártulos para meterlos en la sala, se encargan de probar el sonido sin apenas tiempo y, por si fuera poco, nos deleitaron con un concierto memorable. Con visibles y lógicas muestras de cansancio, fueron de menos a más hasta poner patas arriba el diminuto recinto de la capital. El sonido también fue mejorando tras un inicio confuso, en plan bola casi inaudible, con los protagonistas algo fríos antes de entrar en calor a base de echarle ganas. Zodiac suenan mucho más contundentes en directo que en sus tres discos publicados hasta la fecha. Es extraño que no dieran más cancha a Sonic Child, su último trabajo, sobre todo teniendo en cuenta cómo subieron las revoluciones al tocar Swinging On The Run, Holding On o el blues con el que cerraron su actuación, A Penny And A Dead Horse. El cantante y guitarrista Nick Van Delft ejerce de líder absoluto, sobre todo con esos punteos al final de las canciones que tanto le gustan, o doblando los solos con Stephan Gall. Algunos temas alcanzan momentos épicos con esos duelos de guitarra que ya no se ven mucho. Ruben Claro, el bajista, también se hace cargo de los teclados y los coros, mientras que el batería Janosch Rathmer cumple su cometido con precisión.
Las influencias de la banda germana están muy claras, por lo que tienen inconveniente en tirar de versiones. En su repertorio ya es indispensable Cortez The Killer, de Neil Young, terreno abonado para que la guitarra asuma el control durante un rato bien largo. La otra fue Blue Jean Blues, su propia visión de ZZ Top que incluyeron en su brillante debut discográfico, A Bit Of Devil, del que cayeron una emocionante Coming Home (Van Delft y Claro bajaron a tocar entre el público), Diamond Shoes y el tema título. Completaron el set list con Free (otro momento destacado), Moonshine y Believer, pertenecientes al disco Hiding Place. A estas alturas se les veía muy cómodos en el escenario, sin importarles la paliza que llevaban encima. Tenía mérito lo que estaban haciendo, ya que otros grupos quizás hubieran optado por volver a casa al tener todos los elementos en contra. Sin embargo, pese a que Zodiac no ha ganado ningún concurso, no tienen apellidos ilustres y nadie les ha regalado nada, dieron una lección de profesionalidad difícil de olvidar. Sólo había que observar la cara de satisfacción de la gente al final para darse cuenta de que grupos así son fundamentales para la supervivencia del rock. Sin poco que ganar y más cosas que perder, se presentan ante poco más de 200 personas dando todo lo que llevan dentro, con buenas caras, sin complejos, con un par de pelotas. Esto se tiene o no se tiene, no se consigue en un laboratorio televisivo, aunque la gran mayoría (no saben lo que están dejando escapar) no sepa ni sabrá nunca quiénes son Zodiac.
Las influencias de la banda germana están muy claras, por lo que tienen inconveniente en tirar de versiones. En su repertorio ya es indispensable Cortez The Killer, de Neil Young, terreno abonado para que la guitarra asuma el control durante un rato bien largo. La otra fue Blue Jean Blues, su propia visión de ZZ Top que incluyeron en su brillante debut discográfico, A Bit Of Devil, del que cayeron una emocionante Coming Home (Van Delft y Claro bajaron a tocar entre el público), Diamond Shoes y el tema título. Completaron el set list con Free (otro momento destacado), Moonshine y Believer, pertenecientes al disco Hiding Place. A estas alturas se les veía muy cómodos en el escenario, sin importarles la paliza que llevaban encima. Tenía mérito lo que estaban haciendo, ya que otros grupos quizás hubieran optado por volver a casa al tener todos los elementos en contra. Sin embargo, pese a que Zodiac no ha ganado ningún concurso, no tienen apellidos ilustres y nadie les ha regalado nada, dieron una lección de profesionalidad difícil de olvidar. Sólo había que observar la cara de satisfacción de la gente al final para darse cuenta de que grupos así son fundamentales para la supervivencia del rock. Sin poco que ganar y más cosas que perder, se presentan ante poco más de 200 personas dando todo lo que llevan dentro, con buenas caras, sin complejos, con un par de pelotas. Esto se tiene o no se tiene, no se consigue en un laboratorio televisivo, aunque la gran mayoría (no saben lo que están dejando escapar) no sepa ni sabrá nunca quiénes son Zodiac.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Concierto de The Sheepdogs (Caracol, 20-11-2015): la elección de una noche perfecta
Al final acerté escogiendo el concierto de The Sheepdogs. Tenía dudas por la coincidencia de la visita a Madrid de los canadienses y la de Kadavar, aunque, tras lo que vi el pasado viernes en la sala Caracol, menos mal que me decidí por los primeros. Jamás me habría perdonado perderme una actuación que fue, sencillamente, perfecta. Lo primero que quiero destacar es la altísima calidad del sonido. Ya sea por méritos del recinto, el técnico o el propio grupo, hacía mucho tiempo (quizás nunca) que no escuchaba algo de forma tan nítida en directo. Ni muy alto, ni bajo, sin acoples, fallos ni nada que se le parezca. Se podían distinguir todos los instrumentos sin apenas esfuerzo, las canciones sonaron a gloria para completar una noche de rock and roll clásico difícil de superar. En medio de un aforo poco agobiante se estaba muy a gusto, casi como en casa, lo que también ayudó bastante al éxito total. No hubo intro rimbombante ni sintonías pregrabadas. Simplemente, se abrió el doble telón y detrás aparecieron los perros ovejeros, que presentaban el genial Future Nostalgia, su quinto trabajo hasta la fecha. Ya en ese momento, los acordes de Gonna Be Myself se deslizaron por los altavoces de forma sublime, cristalina. Lo que vino a continuación me dejó sin palabras. El cantante y guitarrista Ewan Currie, su hermano Shamus en los teclados y el trombón (pieza vital de la banda situado en primera línea), el bajista Ryan Gullen, el guitarrista Jimmy Bowskill y el batería Sam Corbett dieron una lección, casi sin despeinarse, de cómo homenajear a las raíces del rock dándole su propio toque personal e intransferible. Una mezcla de pasado (Stones, Beatles) y presente (ecos de Black Keys, Black Crowes) ejecutada con una aparente normalidad que, precisamente, creo que es el secreto de una fórmula muchas veces repetida, aunque no con tanta clase.
No pudieron escoger mejor los temas nuevos. Los más movidos como Bad Lieutenant, Same Old Feeling, Downtown, Back Down, Take A Trip resultaron hasta más convincentes que en estudio, y ya es complicado, mientras que Jim Gordon fue uno de los grandes momentos de la velada. Creo que fue ahí cuando se cambiaron de puesto e instrumento los hermanos demostrando su enorme valía como músicos. El resto de un set list que nunca decayó estuvo compuesto por canciones de su anterior disco de título homónimo (Feeling Good, The way It Is o Ewan's Blues) y de los igualmente atractivos Learn&Burn, Trying To Grow y Big Stand. Había leído que son muy sosos en el escenario, pero se fueron animando poco a poco, sobre todo en los punteos de guitarra, y dirigiéndose al público pese a no saber ni una palabra de español. Para los bises nos esperaba lo mejor, si es que podían ofrecer algo superior a lo que habían hecho antes. Dos versiones rindiendo un merecido tributo a artistas inmortales como Crosby, Stills, Nash & Young (Almost Cut My Hair) y el propio Neil con un Down By The River soberbio. No las clavaron sin más, sino que las aderezaron con su propia salsa dejando muy claro quiénes son, de dónde vienen y a dónde van. Lo digo porque no creo que tengan intención de 'evolucionar' para buscar convertirse en unos superventas. Es más, sospecho que incluso indagarán un poco más en esa nostalgia futura que tan bien saben conjuntar. Igual me equivoco y pegan el pelotazo (más que merecido lo tienen), aunque es un lujazo asistir a este tipo de conciertos en salas reducidas. Somos pocos en lugares que poca gente conoce... Pues no saben lo que se pierden.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Jetbone o cómo pasar de Kiss a Rolling Stones y Black Crowes sin salir de Suecia
Influencias. Palabra básica para que uno sepa por dónde van los tiros de lo que va a escuchar. Sobre todo con grupos nuevos, resulta importante conocer de qué fuentes beben, el origen de lo que nos ofrecen. El caso de Jetbone resulta curioso en este sentido. Con sólo dos discos publicados hasta la fecha, esta joven banda sueca ha experimentado una metamorfosis tan lógica como inesperada. Había perdido su pista desde aquel debut de título homónimo (como manda la tradición) que salió en 2012. Un amigo me aconsejó que no los dejara escapar, lo que fue suficiente para mí junto a su procedencia escandinava. Los primeros acordes de Dancin' On Your Grave me bastaron para darle el visto bueno, porque intuía lo que tenía entre orejas. Siguiendo la estela de Hellacopters, o más bien de sus herederos Imperial State Electric, estos chavales de Sundsvall se sacaron de la manga un debut poco original, para qué lo vamos a negar, aunque fresco, muy dinámico, y con ese sello de buen gusto típico de su país. Era imposible escapar de los coros de Baby It's Your Time o Dead City Fire, mientras que en Ride The Riot apretaban el acelerador para coquetear con el punk. Temas cortos, el disco apenas dura una media hora que se para volando mientras les imaginas imitando a Kiss y Thin Lizzy en el local de ensayo. Porque ahí estaba el meollo de la cuestión. Dos bandas míticas que adoran en Suecia y a las no tienen el menor reparo en coger como referencia, a veces de forma descarada. No es una crítica, porque si haces hard rock, lo más normal es empezar haciendo versiones de los más grandes. Luego ya componen sus canciones, pero la semilla sigue ahí, bien plantada.
Por sorpresa, sin previo aviso, me topé hace pocos días con Magical Ride, su segundo trabajo. La foto de la portada y un rápido vistazo a su Facebook me hizo sospechar que algo había cambiado. Y vaya que sí, menudo viaje en el tiempo. No sé si por seguir la moda revival o porque realmente se lo pedía el cuerpo, han echado la mirada hacia atrás. La influencia es ahora aún más clásica, incorporando muchos teclados e instrumentos de viento, con los Stones y Black Crowes como punto de partida. Nada queda de aquellos riffs cortantes, las canciones sencillas y ritmos alocados. Ahora todo es rock and roll de la vieja escuela, retro, tranquilidad, desarrollos largos, blues, soul... Parece que hubieran pasado muchos más años de los reales desde que debutaron. Lo mejor es que la cosa funciona, lo que demuestra de nuevo que estos suecos son el futuro (y presente) de la música. Han incorporado algún miembro más a la banda con los que despachan once pistas a cada cual más interesante. Sólo se les puede acusar del parecido entre algunas, pero hay tanta chicha dentro que se olvida rápidamente. Títulos como C' mon, Mixed Emotions, Working Hard For Your Money, Woman, Everybody Needs Somebody To Love y Rosalie se asocian inmediatamente a viejos hits de los 60 y 70 famosos en el mundo entero. Personalmente, los prefiero cuando se ponen más rockeros, aunque los temas más lentos siempre contienen algún solo, algún detalle o cambio de tercio aprovechable. Fifth Time Loser se asemeja a los Primal Scream de Jailbird o Rocks, lejos de las maquinitas que tanto les perjudican, eso sí, con el inconveniente de que al cantante todavía le falta modular un poco la voz para un estilo tan exigente. Esta pequeña pega no empaña el esfuerzo de Jetbone en buscar un nuevo camino. Estoy deseando verles en directo para ver si pasan una prueba que, como la del algodón, nunca engaña. Con las influencias que tienen, antiguas y nuevas, no creo que me vayan a decepcionar.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Crítica de Black Stone Cherry: Thank You Live In Birmingham (Eagle Rock, 2015)
Pocos, muy pocos grupos hay ahora mismo tan honestos como Black Stone Cherry. Cristalinos, sinceros, sin trampas, no tienen nada que esconder, exprimen todo lo que tienen hasta la última gota y su nuevo dvd/cd en directo es la prueba inequívoca de ello. La receta es bien sencilla, incluso básica diría yo. Cuatro chavales (ya no tanto) de Kentucky tocando hard rock puro, sin aditivos, con toques southern, country, blues y... un par de pelotas. Así de claro. Hace ya varios años que los vi en la Sala Caracol y me hice una pregunta: ¿cómo siguen vivos si en todas las actuaciones se entregan de esta manera? Lo de John Fred Young, el batería, fue agotador. Sólo con verle te quedas exhausto. En ese momento venían a presentar Folklore & Superstition, su segundo disco, el que les dio a conocer ante el gran público. Tras el intento más comercial de Between The Devil And The Deep Blue Sea, se dieron cuenta de que era mejor volver a la raíces con el sobresaliente Magic Mountain. Fijos en el Download Festival, en la gira de este último trabajo en estudio grabaron, también en Inglaterra justo en estas fechas en 2014, su primer documento oficial (existe otro de sus inicios en la mítica Astoria en 2007) en directo: Thank You Livin' Live in Birmingham.
Además de dar un amplio repaso a su discografía, y dejando aparte la energía que transmiten, lo mejor es observar cómo disfrutan encima del escenario. Si la cara es el espejo del alma, la del cantante/guitarrista Chris Robertson es de felicidad absoluta. No para de dar las gracias a los asistentes por haber llenado la sala mientras atraviesa, sobre todo cuando les deja cantar canciones enteras, un proceso de liberación a través de la música. Una especie de exorcismo de los demonios cotidianos que le atormentan, según leí en una entrevista. Quizás sea ese el secreto de una intensidad que, para mí, les hace diferentes al resto. Y eso que él se mueve más bien poco, al contrario que Jon Lawhon, el otro guitarrista (cuello de caucho), y el bajista Ben Wells. Para ellos, esto es un sueño cumplido del que no piensan despertar. Por eso se han metido de nuevo en estudio con el productor de su brillante debut de título homónimo y prometen volver más potentes que nunca. "Es un disco pensado para los fans", aseguran. En su caso, no tengo dudas de que será así.
Los cuatro son hijos de músicos, lo que demuestra el buen gusto que tienen en las versiones que dejan caer o intercalan en el repertorio propio. Cream o Derek & The Dominos son influencias clásicas de las que tiran sin ningún rubor para romper el ritmo del concierto. Muy emotiva es la interpretación de Things My Father Said y Peace Is Free con la colaboración de un público entregado. Hay una química especial entre las dos partes, una cualidad que todo grupo debería esforzarse en conseguir. No es suficiente con ser perfectos técnicamente (Blackberry Smoke) o que la pirotecnia nos deslumbre (Rammstein). Por eso es de agradecer igualmente que no claven los temas de forma autómata, que los alarguen con improvisaciones y que los típicos discursos hacia la gente no suenen forzados. Si a estos extras se le unen temazos como Rain Wizard, Me And Mary Jane, Maybe Someday, Fiesta del Fuego, White Trash Millionaire o Blame It On The Boom Boom (vaya juego da un estribillo tan tonto), el resultado es casi perfecto. La única pega es que en la versión cd esté cortada y dure menos que el dvd. La otra, más habitual, que no pasan por España desde 2009. A ver si hay suerte y me los encuentro en algún festival el próximo verano. Más vale que vaya bien hidratado, porque con Black Stone Cherry no hay medias tintas. Seguro que, una vez más, me dejarán hecho polvo. De lo contrario, empezaré a preocuparme.
Además de dar un amplio repaso a su discografía, y dejando aparte la energía que transmiten, lo mejor es observar cómo disfrutan encima del escenario. Si la cara es el espejo del alma, la del cantante/guitarrista Chris Robertson es de felicidad absoluta. No para de dar las gracias a los asistentes por haber llenado la sala mientras atraviesa, sobre todo cuando les deja cantar canciones enteras, un proceso de liberación a través de la música. Una especie de exorcismo de los demonios cotidianos que le atormentan, según leí en una entrevista. Quizás sea ese el secreto de una intensidad que, para mí, les hace diferentes al resto. Y eso que él se mueve más bien poco, al contrario que Jon Lawhon, el otro guitarrista (cuello de caucho), y el bajista Ben Wells. Para ellos, esto es un sueño cumplido del que no piensan despertar. Por eso se han metido de nuevo en estudio con el productor de su brillante debut de título homónimo y prometen volver más potentes que nunca. "Es un disco pensado para los fans", aseguran. En su caso, no tengo dudas de que será así.
jueves, 15 de octubre de 2015
Duda para el próximo 20 de noviembre: ¿Voy a ver a Kadavar o The Sheepdogs?
Vaya dilema. Esto es como cuando hay que elegir entre Messi o Cristiano. ¿Cuál de los dos es mejor? ¿A qué concierto asistir el próximo 20 de noviembre en Madrid? ¿Kadavar en la Sala Penélope o The Sheepdogs en la Caracol? Muchas preguntas y una respuesta incierta. La duda me invade y como de momento no tengo el don de la ubicuidad, no sé cómo lo voy a resolver. Me apetecen los dos pese a que, musicalmente, no tengan nada que ver. Por un lado, el doom psicodélico de los barbudos alemanes y, por otro, el rock clásico, retro, a veces campestre, que practican los canadienses. Quizás pueda pesar en la decisión final que a los germanos ya los he visto en varias ocasiones. La última en el pasado Resurrection Fest, donde ya estrenaron algún tema de Berlin, su último buen disco. Muy hieráticos en escena, con ese bajista tan 'simpático' que tienen, no me importaría que su avalancha sónica, monolítica, me perforara de nuevo los tímpanos. En ocasiones parecen una máquina demasiado perfecta y no estaría mal que improvisaran de vez en cuando. Se trata de una recreación de Black Sabbath por la que han sido muy criticados, aunque, en mi opinión, se están alejando poco a poco de la sombra de Ozzy&Iommi. Luces y sombras para un grupo cuya popularidad ha ido creciendo mientras buscan su propio sonido. Creo que están cerca de conseguirlo y una actuación en directo es el mejor lugar para comprobarlo. No sé, no sé, igual acabo pasándome. ¿No tenían otra fecha libre en la gira?
Me ha sorprendido mucho el nuevo trabajo de The Sheepdogs. Los descubrí con el anterior de título homónimo, que en su día escuché bastante, aunque me pareció demasiado heterogéneo. Lo dejé aparcado y lo voy a tener que rescatar. Igual que el resto, puesto que llevan funcionando desde 2007. Future Nostalgia, publicado el pasado 2 de octubre, me ha encantado. Mucho más centrado en un estilo rockero retro, blues, southern, contiene nada menos que 18 temas. Lo mejor es que no se hace nada largo (medley incluido) y todas las canciones me parecen redondas, con varios detalles a descubrir. Además de la impecable labor instrumental, destaca el fabuloso juego vocal que consiguen. Tengo curiosidad por ver cómo lo trasladan a un concierto, aunque ya me he hecho a la idea indagando por la red. No descarto tampoco que se descuelguen con alguna jam o una versión conocida, porque no son tan cuadriculados como Kadavar. Ese aire campestre, que recuerda un poco a The Band y otros clásicos, me temo que va a hacer que me decante por asistir a su actuación. Todavía queda tiempo y ni he mirado el precio de las entradas, tengo que convencer a mi compinche en estas lides... En fin, que sigo con dudas al ser un caso inédito hasta hace poco. Siempre me quejaba de la falta de conciertos y ahora me invaden. Bendito dilema.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Graveyard y Casablanca, dos mundos opuestos desde la meca rockera de Suecia
Una vez más, y ya van unas cuantas, desde Suecia llegan un par de novedades bastante interesantes. Graveyard y Casablanca, dos grupos con propuestas musicales muy diferentes, han sacado a la venta esta semana sus nuevos discos. Innocence And Decadence es el título del cuarto trabajo de la banda retro comandada por Joakim Nilsson. Blues, swing, soul, psicodelia, rock and roll... todos los estilos que nacieron en los 60 y 70 hasta derivar en lo que hoy en día es el rock siguen más presentes que nunca. Con una portada que me recuerda al Technical Ecstasy de Sabbath, los de Göteborg por fin han conseguido lo que yo echaba de menos en sus anteriores propuestas musicales. Cada canción suena distinta, con identidad propia, para acabar con una excesiva repetición que, a mi juicio, llegaba a cansar. Lo que no han corregido del todo es la manía que tiene el vocalista (manejando varios registros) de participar demasiado y quitarle espacio a los desarrollos instrumentales. Un poco más de tiempo sí les da, pero sin pasarse. Sin embargo, nada de esto importa debido a la gran calidad de los once temas. Los adelantos de The Apple & The Tree y el blues Too Much Is Not Enough prometían una enormidad, se avecinaba algo grande. Y tanto, porque creo que se han superado publicando su mejor disco hasta la fecha. Como decía un poco más arriba, en la variedad está el secreto. Can't Walk Out es uno de los momentos álgidos, con unos cambios de ritmo que, en ocasiones, me recuerdan hasta a Screaming Trees. El trío que forman From A Hole In The Wall (voz extraña), Cause & Defect y Hard-Headed mantiene alto el interés del disco en su parte más dura, eso sí, siempre bajo la visión clásica de Graveyard. Los dos últimos temas llaman a la calma bluesera, con ese final perfecto que es Stay For a Song. Otro detalle novedoso es un cierto toque a lo Hendrix en algunas guitarras que siempre es bienvenido. Nunca está de más una influencia así para completar una obra posiblemente poco original, ya que se limita a actualizar lo que ya se hizo hace muchos años. En manos del oyente está disfrutar de este viaje atrás en el tiempo.
Miskatonic Grafitti es el misterioso título del tercer disco de Casablanca. Primero de una trilogía conceptual sobre H.P. Lovecraft, supone una vuelta de tuerca a su sonido habitual. Tampoco es que se hayan pasado al doom, porque el hard rock e incluso el AOR más dulzón siguen ahí, pero con matices progresivos y desarrollos más largos que nunca habían probado. Empezar con un tema de diez minutos muestra claramente lo que pretenden. Luego regresan a sus raíces con Closer, Re:Old Money o Name Rank Serial Killer. Estribillos marca de la casa, melodías pegadizas, solos muy bien elegidos para no cansar... Sin embargo, merece la pena detenerse en su faceta más novedosa, porque no les ha quedado forzado. Al contrario, destilan clase a raudales como les suele ocurrir (salvando las distancias) a de sus paisanos Europe. La inicial Enter The Mountains, This is Tomorrow, My Shadow Out Of Time, Sister, el tema título o los dos últimos son ejemplos de que algo está cambiando. Para bien o para mal, como suelo decir, depende del criterio de cada uno. A nivel individual, me encanta la voz aguda de Anders Ljung, muy típica de grupos nórdicos de este estilo, que llega a notas altas complicadas. Creo que Ryan Roxie, guitarrista de Alice Cooper, sigue por ahí junto al resto de los miembros pasado el examen con nota alta. Pese a que ya llevan un tiempo en el negocio, son una banda minoritaria, aunque con una discografía impecable. Nula promoción les dan, por lo que no es extraño que vengan a tocar y nos juntemos 200 locos (o menos) en una reducida sala. A veces lo pienso y llego a la misma conclusión: casi mejor que perderse en un estadio lleno de gente que no sabe ni lo que está viendo. Son dos mundos opuestos, igual que Graveyard y Casablanca. A elegir toca.
martes, 26 de mayo de 2015
Los Stones tocan el Sticky Fingers entero en un concierto secreto en Los Angeles
"No fueron al principio santos de mi devoción...", decía una canción de Loquillo titulada Simpatía por los Stones. Así empezó mi relación con sus majestades satánicas. Me costó mucho entrar en su amplia discografía, pero una vez dentro, ya se sabe, me atraparon para convertirme en seguidor incondicional del grupo de rock más grande que ha existido hasta ahora. Más de medio siglo de actividad del mítico grupo inglés dan para mucho, son un icono universal de la música, y afortunadamente siguen vivitos y coleando. Y de qué manera. Lejos de pensar en la retirada, el pasado 20 de mayo se sumaron a la moda de tocar discos enteros en directo. En un Fonda Theatre abarrotado (las entradas duraron minutos) ofrecieron un concierto secreto, íntimo, para desgranar, aunque no por orden, todos los temas del Sticky Fingers unidos a algunos de sus clásicos eternos. Casi nada al aparato en Los Angeles, vaya suerte tienen algunos. Fue el calentamiento para la gira americana Zip Code que comenzará el día 30 en Ohio. De paso, promocionaron el lanzamiento de las ediciones especiales del famoso disco de la cremallera que serán editadas el mes que viene. Una portada en su día polémica diseñada a partir de una idea de Andy Warhol que, por cierto, fue censurada en España y sustituida por otra en la que unas manos grasientas salían de una lata de melaza. En realidad, reflejaba el verdadero significado del título y se convirtió en un objeto de coleccionismo. Curiosamente, ahora saldrá a la luz en todo el mundo ilustrando el doble vinilo de la inminente reedición de Sticky Fingers. Además, fue la primera vez en la que aparecía en logotipo de la lengua y los labios que identifican a los Stones ideado por John Pasche.
Sin lugar a dudas, estamos ante uno de los mejores discos de rock-blues de todos los tiempos con temas indispensables como Brown Sugar, Wild Horses, Can't You Hear Me Knocking (ese riff, por favor), Bitch, Dead Flowers, Sister Morphine... Todos son una maravilla. Todavía estaba en el grupo Mick Taylor, que para mí ha sido el mejor guitarrista que ha pasado por sus filas. En mi opinión, aquel habitante de esta galaxia que no mueva los pies, u otra cosa, con este artefacto tiene un problema que debería tratarse urgentemente. Con un poco de suerte, este evento tan especial fue grabado en su totalidad para ser publicado cuando la maquinaria Jagger-Richards lo estime oportuno. Yo no me lo perderé si al final ocurre. No sé cuándo colgarán las botas, ya que supongo que morirán encima de un escenario. Que sigan haciendo estas cosas demuestra algo que siempre he pensado: continúan adelante porque disfrutan con lo que hacen. No hay otra explicación ¿Por dinero? Lo dudo, porque les debe sobrar. Es sólo rock and roll, pero les gusta. Y a mí también.
Set List del concierto en el Fonda Theatre:
Start Me Up
When The Whip Comes Down
All Down The Line
Sway
Dead Flowers
Wild Horses
Sister Morphine
You Gotta Move
Bitch
Can’t You Hear Me Knocking
I Got The Blues
Moonlight Mile
Brown Sugar
Rock Me Baby
Jumpin’ Jack Flash
Can’t Turn You Loose
Sin lugar a dudas, estamos ante uno de los mejores discos de rock-blues de todos los tiempos con temas indispensables como Brown Sugar, Wild Horses, Can't You Hear Me Knocking (ese riff, por favor), Bitch, Dead Flowers, Sister Morphine... Todos son una maravilla. Todavía estaba en el grupo Mick Taylor, que para mí ha sido el mejor guitarrista que ha pasado por sus filas. En mi opinión, aquel habitante de esta galaxia que no mueva los pies, u otra cosa, con este artefacto tiene un problema que debería tratarse urgentemente. Con un poco de suerte, este evento tan especial fue grabado en su totalidad para ser publicado cuando la maquinaria Jagger-Richards lo estime oportuno. Yo no me lo perderé si al final ocurre. No sé cuándo colgarán las botas, ya que supongo que morirán encima de un escenario. Que sigan haciendo estas cosas demuestra algo que siempre he pensado: continúan adelante porque disfrutan con lo que hacen. No hay otra explicación ¿Por dinero? Lo dudo, porque les debe sobrar. Es sólo rock and roll, pero les gusta. Y a mí también.
Set List del concierto en el Fonda Theatre:
Start Me Up
When The Whip Comes Down
All Down The Line
Sway
Dead Flowers
Wild Horses
Sister Morphine
You Gotta Move
Bitch
Can’t You Hear Me Knocking
I Got The Blues
Moonlight Mile
Brown Sugar
Rock Me Baby
Jumpin’ Jack Flash
Can’t Turn You Loose
jueves, 14 de mayo de 2015
Kill It Kid en vez de la final de Champions y esta vez sí, COC actuarán en Madrid
Problema resuelto. Llevaba tiempo con un dilema en la cabeza dependiendo de quién jugara la final de Champions del próximo 6 de junio en Berlín. Y ayer llegó a su fin. Mi equipo cayó eliminado, por lo que ya no hay duda de que acudiré al concierto de Kill It Kid en la Moby Dick de Madrid. El partido carece de un interés que sí tiene ver en directo a una de las propuestas musicales más interesantes llegadas, cómo no, desde Inglaterra. Los descubrí, una vez más, gracias a la positiva crítica que la revista Classic Rock le otorgó a su último disco, You Owe Nothing. Tienen dos más, el primero que se llama igual que el grupo y el segundo Feet Fall Heavy. Son un cuarteto en el que se turnan como vocalistas Christopher Turpin y Stephanie Ward. Cada vez hay más cantantes femeninas (ya hablaré de Blues Pills o Marmozets) y es algo que se agradece, ya que le dan mucha más variedad y matices a las canciones. El estilo de estos chavales británicos es raro. Partiendo de una base blues, clásica, o incluso soul como en el temazo Caroline, desarrollan un trabajo a la vez con toques modernos a lo Black Keys (los de antes) o Royal Blood, el grupo de moda al que le saldrán clones por todos lados. Según he visto en algún vídeo, en un escenario son bastante intensos, por lo que espero presenciar un concierto más que decente, eso sí, en una sala diminuta.
Y poco menos después de un mes llegará el plato fuerte. En otro post me preguntaba si la gira de COC con Keenan pasaría por nuestro país. Pues parece que me oyeron, porque el 1 de julio estarán en la sala Arena. Esta sí que es una cita imprescindible incluso aunque España llegara a la final de otro Mundial. Me declaro un seguidor empedernido de Deliverance, Wiseblood y los otros dos discos que hicieron con el Pepper antes de que éste se marchara a los Down de Phil Anselmo. Ya he comprobado en los set lists del inicio de la gira europea que los temas son todos de esa época, por lo que voy a disfrutar de lo lindo. Además, en los vídeos que han colgado se les ve en plena forma. Hay química y no descartan meterse en estudio para deleitarnos con un nuevo disco. ¿Qué más se puede pedir? Si acaso, que la entrada fuera más barata, aunque seguro que merece la pena el esfuerzo de rascarse el bolsillo.
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