Van Halen collage

Van Halen collage

sábado, 13 de febrero de 2016

Póker de ases: The Cult, Monster Truck, The Temperance Movement y Last In Line

Tengo que recuperar el tiempo perdido. No paran de salir discos nuevos interesantes en este inicio de 2016 y, de momento, voy a meter en el mismo post a cuatro de ellos. Empiezo por los más mediáticos, si se puede decir así, los británicos The Cult. Llegan ya a su décimo trabajo en estudio con un Hidden City que cumple de sobra con las expectativas. Mezcla de su parte más rockera y con la espiritual, no cabe duda de que Astbury y Duffy (una pareja ya mítica a la altura de las clásicas) son incapaces de hacer algo malo o simplemente, regular. Está claro que Ian ya no tiene la voz de antaño, pero ha sabido evolucionar, mientras que el guitarrista mejora como el vino. Destila clase en cada riff, cada solo, es increíble que no reciba más reconocimiento. La producción de Bob Rock, otro maestro, hace que cada instrumento suene a gloria, en su sitio. ¿Temas destacados? Todos. Me quedo con la trilogía inicial, la oscuridad de In Blood o Birds Of Paradise, Hinterland es maravillosa y GOAT (esa batería de Tempesta) nos devuelve a los tiempos de Electric. Casi nada. Avalanche Of Light está entre las mejores canciones de su carrera igual que Heathens... No tiene desperdicio. The Cult son una institución, lo saben y actúan en consecuencia. Indispensables una vez más, y van..


Ingleses son también, aunque mucho más recientes, The Temperance Movement. Bebiendo de las fuentes más clásicas del género, me sorprendieron hace tres años con su debut. Se les acusó de copiar en exceso a Black Crowes (menudo problema) y quizás por eso han querido dar una vuelta de tuerca a su estilo en White Bear. Tuve la suerte de verles en directo en una pequeña sala, donde me convencieron de que tienen su propia personalidad. La voz de Phil Campbell es increíble, se lleva casi todo el protagonismo dentro de una propuesta que une blues, psicodelia, rock and roll, soul... Todo es muy básico pese al barniz moderno que le han aplicado a los temas de su nuevo disco. Me quedo con los más potentes como Three Bulleits, Get Yourself Free, Modern Massacre o The Sun And Moon Roll Around Too Soon. Sin embargo, mi favorito es el que da título a su segunda obra. Tras un inicio brutal de slide, la cosa se suaviza para explotar de nuevo con el puente hacia el estribillo escondido. Me parece una montaña rusa originalísima. Oh Lorraine nos propone un blues del siglo XXI con armónica en plan bucle y un ritmo de bajo martilleante. Un experimento que mal no les ha quedado. Acaban con una balada preciosa, melancólica y cadenciosa. La típica despedida tranquila para calmar los nervios. Ya veremos hasta dónde pueden llegar.


Viajamos ahora hasta Canadá para analizar el segundo y esperado disco de Monster Truck. Aupados por el revival de los viejos sonidos hard rock, southern y blues, este grupo me explotó en la cara con Furiosity también hace tres años. Fue un debut bestial, sin descanso, como un tren desbocado al que no le importa empotrarse contra el tope de la vía muerta. Por los mismos derroteros discurre Sittin' Heavy, incluidos esos teclados de fondo que tanto empaque le dan al conjunto. Destacan algunos matices novedosos, eso sí, en canciones que rompen la alta intensidad eléctrica. Son los casos de For The People, Black Forest (la mejor) y Enjoy The Time. El vozarrón grave de Jon Harvey les viene como anillo al dedo y sus compañeros cumplen a la perfección para que el ritmo, que a veces puede parecer repetitivo, no decaiga en ningún momento. Coros y estribillos que se quedan marcados a fuego hay un montón (Don't Tell Me How To Live, Things Get Better, The Enforcer), y son más que adecuados para gritarlos en directo. Tengo ganas de ver a esta gente, aunque en la inminente gira europea España se ha quedado fuera. Igual en los festivales de les pillo.


Para acabar este repaso express, no puedo olvidarme del Heavy Crown de Last In Line. No sé si está concebido como el enésimo homenaje a Dio, pero es el más brillante en mi opinión. Los músicos que acompañaron al pequeño cantante en aquel disco inolvidable se juntaron para versionarlo y después decidieron crear uno nuevo, con canciones inéditas de mucha calidad interpretadas con sumo gusto. Otra cosa no de podía esperar del talento indiscutible de Vivian Campbell (guitarrista), Jimmy Bain (bajo) y Vinny Appice (batería). Los dos últimos formaron la base rítmica más precisa y contundente que he escuchado nunca en el heavy metal. Este trabajo sirve como obra póstuma de Bain, que falleció en el último mes de enero negro que ha vivido el rock. Por si las referencias fueran poco válidas, han encontrado un vocalista, Andrew Freeman, que no le anda a la zaga a Ronnie James. Se echaban de menos las cabalgadas guitarreras de Campbell (Def Leppard es otro mundo) como las de Martyr, I Am Revolution y Already Dead. De verdad, parece que estamos escuchando cualquier trabajo de la época más prolífica del propio Dio. El parecido es asombroso y el que tuvo, retuvo. Son como un reloj suizo, perfecto en su estilo, sin despreciar los tópicos del género, aunque sin sonar trasnochados. Al revés, los solos y las melodías de las canciones más pausadas desprenden frescura. Es un señor disco que seguramente pasará bastante inadvertido. Otro de tantos que irán pasando por aquí.


jueves, 11 de febrero de 2016

Concierto de The Darkness (Sala But, 15-01-2015): God save the new Queen

Con casi un mes de retraso, la visita de The Darkness a Madrid vale la pena para relanzar el blog tras un pequeño parón. Corren tiempos duros y me cuesta escribir, pero voy a intentarlo. El grupo de los hermanos Hawkins no es una formación al uso. Me explico. Su estilo es difícil de definir pese a que, en esencia, se trate de hard rock británico de toda la vida. A ello hay que sumar detalles glam, la personal e intransferible personalidad y voz de Justin y, a mi juicio, la referencia permanente a Queen. Todas estas señas de identidad destacan aún más en directo, como se pudo comprobar en una Sala But a reventar. Un sold out sorprendente, con mucho público que no sabía muy bien dónde estaba o a quién estaba viendo. Algo cada vez más habitual, sobre todo en fines de semana, en recintos que normalmente son discotecas y que se utilizan para conciertos ante la falta de salas adecuadas. Había demasiada gente y no encontré el sitio perfecto para disfrutar de la actuación, por lo que no dudé en adquirir el usb para descargarla días después en mp3 en la web del grupo de forma oficial y con muy buen sonido. Venían a presentar Last Of Our Kind, aunque el set list estuvo compuesto casi en su totalidad por las canciones de su primer y genial disco, Permission To Land. Se dejaron fuera temazos nuevos como Open Fire, lo que generó muchas criticas hacia ellos igual que los excesivos parones en el escenario. Si se trata de sacar punta podemos sacar multitud de defectos, como el abuso de los discursos y el humor inglés que casi nadie entiende, pero nos desviaríamos de lo realmente importante. La banda suena potente, convence a pesar de las idas y venidas, cambios de formación cuya última novedad es la adición de Rufus Taylor a la batería. Contundente en la pegada, el hijo del mítico componente original de Queen demostró que el puesto puede ser suyo por muchos años. Y teniendo en cuenta la influencia clara que la reina es para Darkness, la elección parece perfecta.


Volviendo al repertorio, me encantó un tema inédito que presentaron, Rack Of Glam, mientras que lo menos acertado fue el empeño que tienen por incluir la versión de Radiohead. No faltaron los falsetes y las piruetas de Justin, bastante desmejorado físicamente, las pintas retro del bajista Frankie Poullain, ni el buen hacer de Dan con las guitarras. Recurriendo al tópico, para que se me entienda mejor, es como el Malcolm Young de The Darkness, el cemento que une los ladrillos pese a que va a su bola totalmente. Eso sí, se deja de posturitas y ejerce su función de ensamblaje sin fisuras. Los momentos más álgidos, incluso de histeria colectiva, se vivieron con los hits más conocidos como Love Is Only a Feeling, Get Your Hans Off My Woman o I Believe In A Thing Called Love. Me pareció excesivo que tocaran su primer trabajo casi entero, aunque este grupo es así, imprevisible, y ahí reside parte de la genialidad que les diferencia del resto. Del injustamente olvidado One Way Ticket To Hell apenas sonaron dos temas (English Country Garden es 100% Queen), del disco de reunión Hot Cakes alguna más y del nuevo, paradójicamente, sólo un par: la inicial Barbarian y Roaring Waters. En general, el sonido fue aceptable y casi nadie pareció quedar insatisfecho por lo que había visto. Al menos es la sensación que me dejó un concierto que no pasará a la historia (me gustó más el anterior que vi en La Riviera) después de cumplir con su cometido: entretener, divertir y provocar con una buena noche rock and roll. A estas alturas, como suelo decir, poco más se puede pedir. Sólo una cosa, a los que no les guste y van a estos conciertos para figurar con las invitaciones, mejor que se queden en otro lado. Muchas gracias.

martes, 12 de enero de 2016

Concierto de Hamlet (Sala But, 8-1-2016): en ocasiones, lo natural sí es la perfección

He perdido la cuenta de las veces que he visto en directo a Hamlet. Y juro por mi vida que nunca, jamás, me han decepcionado encima de un escenario. Ni cuando éramos cuatro gatos apiñados en salas ridículas, ni a las cuatro de la tarde a 40 grados en un festival, en llenazos como aquel de La Riviera, grabaciones en vivo, ni por supuesto ahora que son, por derecho propio, el mejor grupo de metal (y de cualquier estilo, qué demonios) de España. Son una máquina de demolición, una apisonadora brutal que derriba muros como si fueran de papel con un sonido único, patentado, forjado a base de experiencia, de trabajo duro sin apenas ayudas... Un grupazo que nada tiene que envidiar a otros extranjeros con mucho nombre, pero poco cuajo, sin alma, algunos de los cuales viven de las rentas. En el caso de los madrileños es todo lo contrario, ya que el pasado viernes presentaban en la Sala But La Ira, un nuevo disco que, por momentos, iguala la gran calidad de su extenso catálogo. Es evidente que clásicos como J. F., Irracional, Egoísmo, Dementes Cobardes, Tu Medicina o Antes y Después se llevan las ovaciones más atronadoras, pero novedades como Mi Religión, Ser o no Ser (buen detalle el del vídeo animado) o Irreductibles se están convirtiendo ya en piezas claves del repertorio. La noche, fría y lluviosa fuera del recinto, se fue calentando dentro con la actuación de los teloneros Somas Cure, cuyo cantante se uniría a Hamlet en los bises igual que el de Estirpe, otra buena banda a la que, sinceramente, le tengo perdida la pista del todo.


La salida a escena de Molly y compañía fue apabullante, como de costumbre. Empezar con Limítate es como un chute de adrenalina para el público. Una patada en el culo por si estás dormido y no sabes lo que se te viene encima. Después vino lo de siempre, afortunadamente. Entrega, ganas, buen rollo, dos wall of death, sonido un poquito embarullado (al menos desde mi sitio) saltos y carreras interminables del cantante (no sé cómo aguanta ese ritmo) y Luis Tárraga, la pegada inconfundible de Paco Sánchez y la gran labor rítmica de Álvaro Tenorio y Ken H.C. Me encantan esas paradas que hacen en ciertas canciones, casi en silencio, para luego explotar con un riff demoledor o un estribillo que se te queda pegado para siempre en la memoria. Echaron mano de casi todos sus discos, hasta del Pura Vida, aunque faltó algo de La Puta y el Diablo, uno de mis favoritos. La sala, que recibió una y otra vez el agradecimiento de Molly, tembló con los botes y los gritos de los seguidores más fieles que existen. Porque con Hamlet no hay medias tintas. Esto es metal extremo de verdad, sin voces guturales ni letras satánicas, sino que escupen verdades como puños de forma directa, sin tapujos, aunque sin caer en la vulgaridad. Otras son de libre interpretación, historias personales, en fin, al gusto del consumidor. En una de ellas aseguran que "la perfección no es lo natural, lo natural es la imperfección". Pues no, en ocasiones sí que hay cosas perfectas, o casi, como suelen ser los conciertos de Hamlet. Y lo mejor es que les queda cuerda para rato. A estos no hay quién les pare pese a esos persistentes cambios de compañía discográfica que no acabo de entender. Son un valor seguro, tienen que ser un negocio rentable por narices. El que no lo sepa o no haya sabido verlo, mejor que se dedique a otra labor, porque de esto, siento decirlo, no tiene ni puta idea.

jueves, 7 de enero de 2016

Anthrax y Witchcraft estrenan 2016 con For All Kings y Nucleus (Nuclear Blast)

Pues empieza fuerte 2016. Espero que sea un año de cambios en todos los sentidos aunque, de momento, en cuanto al rock se estrena cargado de novedades. Siendo sincero, poco antes de que terminara 2015 ya pude escuchar, de forma anticipada, un par de ellas: los nuevos discos de Anthrax y Witchcraft. Dos pesos pesados del metal para distintas generaciones, unos veteranos y otros no tanto, con la suficiente trayectoria como para prestarles atención detenidamente. For All Kings es el 11º trabajo en estudio de la banda trash originaria de New York, una de las pioneras del estilo que en los últimos años ha sido más noticia por los cambios de formación que por otras causas. La actual parece ser estable, eso sí, con la continuas y misteriosas ausencias del fabuloso batería Charlie Benante en parte de las giras, lo que aumenta esa sensación de volatilidad. Hace ya tiempo que parece fijo el puesto para el repescado cantante Joey Belladonna pese a que, en mi opinión, la etapa con John Bush fue la mejor del grupo con Sound Of White Noise (1993) como obra cumbre. En medio formó parte del grupo también el vocalista Dan Nelson, con el que grabaron una versión de Worship Music (2011) que nunca vio la luz. El último en llegar ha sido el guitarrista Jonathan Donais en sustitución de un Rob Caggiano que parecía ser pieza clave en la composición. A su vez, éste había ocupado el lugar del pequeño Dan Spitz, integrante de la formación más clásica... En fin, el cuento de nunca acabar.


No hay muchas sorpresas en For All Kings. Suena a Anthrax por todas partes, de eso no existen dudas. Pasajes más rápidos, otros más lentos e incluso progresivos, algunos estribillos y coros muy conseguidos, labor instrumental más que notable, sobre todo en los solos de guitarra... Sin embargo, a mí me sigue chirriando Belladonna. Le cambió la voz con su regreso y no me gusta un pelo. Más chillón, acaba cansando ese tono tan repetitivo. Igual es que soy muy fan de Bush (imprescindible su nuevo trabajo con Armored Saint), pero no me acaba de convencer Joey. Se le permite todo tras haber  dejado discazos como Among The Living (1987) o State Of Euphoria (1988), de los que en temas como el adelanto Evil Twin hay reminiscencias en su nuevo trabajo. Las partes más trash se intercalan en medio de canciones largas como la inicial You Gotta Believe, For All Kings y This Battle Chose Us (una de mis preferidas junto a las metálicas Suzerain y Defend Avenge), mientras que otras tienen desarrollos más tranquilos, diferentes a lo habitual. Es el caso de Breathing Lightning y Blood Eagle Wings. Para el final dejan la rapidísima Zero Tolerance, al que se añaden cuatro bonus tracks en directo en la edición deluxe. Buena nota para unos Anthrax a los que conviene ver en directo, ya que casi nunca defraudan con los veteranos Scott Ian y Frank Bello haciendo headbanging de la vieja escuela a toda mecha. Les espero con ganas. 


Se la han jugado a una carta Witchcraft con Nucleus. Nunca han sido un grupo fácil de digerir, aunque todo lo anterior a su nuevo disco (el quinto) parece ligero si entramos en comparaciones. La palabra doom se queda corta para definir lo duro, granítico, áspero, oscuro y complicado de entender que son estos diez temas. Despista mucho el single The Outcast, el adelanto que ofrecieron hace meses, una pequeña maravilla que poco tiene que ver con el resto. Es la cara alegre del monstruo. El cantante Magnus Pelander, ideólogo y líder indiscutible de los suecos (otra vez), presenta una formación renovada con la que desgrana un viaje al fondo de la mente con efectos secundarios. Ya con el inicio de Malstroem queda claro que hay mucha tela que cortar. Intro acústica, flautas, riffs monolíticos que se repiten hasta la saciedad y coros insistentes, siempre con la sombra de Pentagram, Bathory, el folk escandinavo y Black Sabbath bien presentes. Esta última influencia es aún más clara en Theory Of Consequence. Sin embargo, lo más enrevesado, el mundo aparte, la marcianada por excelencia, decadente y hasta melancólico, es el tema título: Nucleus. Catorce minutos de los que cada uno puede sacar su propia conclusión. En una primera escucha puede parecer un petardo infumable, aunque con la segunda y la tercera al final te acaba atrapando sin remedio. Te obsesiona. Resulta inexplicable después de haber aguantado casi la mitad de la canción con un mismo tono que empieza suave y al que se le van sumando instrumentos, voces de ultratumba, coros femeninos... Un in crescendo interminable que acaba con un acordeón. Lo dicho, una farsa o una genialidad.  Más llevaderas, dentro de lo que cabe, son An Exorcism Of Doubts y To Trascend Bitterness, dos vigas de auténtico metal armado. La cosa no podía acabar tan bien y por eso cierran con Helpless y Breakdown, otra pesadilla (los susurros del principio dan miedo) de casi 16 minutos que exige una atención meticulosa para no perderse nada. En la segunda parte, y acompañado de un muro atómico de guitarras, Pelander tortura su voz hasta el extremo de acabar casi llorando. Épico, irrepetible, no sé cómo han podido grabar algo tan colosal y salir indemnes. El bonus track de Chasing Rainbows supone un respiro, un oasis dentro de una aridez casi insoportable. Por eso insisto en que para que Nucleus no se indigeste hay que degustarlo despacio, muy despacio, con un almax al lado casi mejor. Después de los excesos navideños no es lo mejor, pero a veces hay que arriesgarse. Al fin y al cabo, queda mucho año para desengrasar.

martes, 15 de diciembre de 2015

Dos supergrupos más para acabar el año como es debido: Ten Commandos y Kind

La lista de los 10 mejores discos de 2015 ya está cerrada, aunque no me hubiera importado hacer algún anexo. Sobre todo porque, como me temía, alguna sorpresa de fin de año tenía que surgir. Y por partida doble, con la moda de los supergrupos, que ha supuesto la creación de Ten Commandos y Kind. Son dos propuestas radicalmente diferentes (grunge y stoner-doom) pero con una calidad fuera de toda duda, dos trabajos altamente disfrutables para unas fechas en las que nos invadirán con moñadas variadas, recopilaciones insípidas y otras gaitas de peor gusto. Nada menos que Matt Cameron y Ben Shepherd, batería y bajista de Soundgarden, están involucrados en Ten Commandos junto al desértico Alain Johannes (QOTSA) y el más desconocido Dimitri Coats (Off!). El experimento suena justo a lo que se podía esperar, además de contar con colaboraciones de lujo como la de Mark Lanegan en la inicial Staring Down The Dust. Desconozco la forma en la que se reparten después las tareas vocales, aunque creo que entre Coats, Johannes e incluso Cameron anda la cosa. Otro invitado, en este caso invitada, Nikka Costa, pone su voz en Come y uno de los momentos más destacados es la instrumental Sketch 9. Inconfundibles los punteos de Peter Frampton, un veterano guitar hero al que nunca he seguido mucho la pista salvo con Humble Pie. Casi todos los temas siguen un esquema parecido, más o menos lisérgicos (Outermost Sky) y algunos estribillos efectivos. El legado noventero de Seattle sigue intacto (Soundgarden, Alice In Chains, Mad Season, Pearl Jam, Nirvana...) y en algunos momentos me recuerdan a Them Crooked Vultures. Punto y aparte merece la penúltima Aware, con un desarrollo bastante largo, cambios de ritmo y un final apabullante. En general, el disco es bastante ameno, agradable de escuchar pese a que el grunge no es, ni de lejos, mi estilo preferido. Ya veremos si el proyecto tiene continuidad.


El caso de Kind es diferente, puesto que no conozco a ninguno de sus miembros pese a que algunos grupos implicados sí me suenan. Al parecer, todo surgió de una jam entre componentes de Black Pyramid, Elder, Rozamov y Roadsaw, que dio lugar al adelanto German For Lucy el verano pasado. Escuchándolo se ve rápidamente por dónde van los tiros. La semejanza con la densidad de los riffs que patentaron los maestros Kyuss es evidente, aunque también parece una variación extraña del Paranoid de Sabbath. En Rocket Science, su disco de debut, sólo hay ocho temas y cuatro de ellos sobrepasan los seis minutos. Es ahí donde se explayan a gusto con todo tipo de solos, voces graves, otras más suaves, sobre todo en la mastodóntica Hordeolum, que posee un ritmo pesado a más no poder. Mi favorita es Rabbit Astronaut, sobre todo por la intro de batería y el giro más stoner, aunque la anterior, Fast Number One, tampoco está nada mal precisamente por ganar algo de velocidad. El dúo que forman Pastrami Blaster y Siberia es curioso, van por otro camino debido al regusto blues que deja la primera, mientras que la otra es casi funky. El cierre de Ungry Undertaker resume perfectamente lo que buscan Kind: lenta, oscura, la canción va avanzando hasta un riff machacón, arrastrado, al que sigue un solo distorsionado de varios minutos. Queda claro que se trata de un experimento en estudio con varias influencias al que vale la pena hincarle el diente, eso sí, teniendo en cuenta lo que ofrece el menú. No es un plato ligero, sino de una digestión larga y paulatina. Igual que ocurre con Ten Commandos, les seguiremos por si se quedan en una anécdota o tiran hacia adelante. Tiempo al tiempo.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Concierto de Zodiac (La Boite, 10-12-2015): regreso al rock químicamente puro

Si hubiera una fórmula química para definir el rock, sin duda es la que utilizaron Zodiac el pasado jueves en la parada madrileña dentro de su gira española. Lo que muy pocos afortunados vivimos en la Sala Boite fue un regreso en toda regla al verdadero significado no sólo de un estilo musical, sino de una forma de vivir, de sentir, de disfrutar con lo que se hace hasta las últimas consecuencias. Lejos del lujo y oropel de los grandes estadios, los alemanes están recorriendo la Península con una furgoneta alquilada (la suya se averió), ellos mismos cargan con los bártulos para meterlos en la sala, se encargan de probar el sonido sin apenas tiempo y, por si fuera poco, nos deleitaron con un concierto memorable. Con visibles y lógicas muestras de cansancio, fueron de menos a más hasta poner patas arriba el diminuto recinto de la capital. El sonido también fue mejorando tras un inicio confuso, en plan bola casi inaudible, con los protagonistas algo fríos antes de entrar en calor a base de echarle ganas. Zodiac suenan mucho más contundentes en directo que en sus tres discos publicados hasta la fecha. Es extraño que no dieran más cancha a Sonic Child, su último trabajo, sobre todo teniendo en cuenta cómo subieron las revoluciones al tocar Swinging On The Run, Holding On o el blues con el que cerraron su actuación, A Penny And A Dead Horse. El cantante y guitarrista Nick Van Delft ejerce de líder absoluto, sobre todo con esos punteos al final de las canciones que tanto le gustan, o doblando los solos con Stephan Gall. Algunos temas alcanzan momentos épicos con esos duelos de guitarra que ya no se ven mucho. Ruben Claro, el bajista, también se hace cargo de los teclados y los coros, mientras que el batería Janosch Rathmer cumple su cometido con precisión.


Las influencias de la banda germana están muy claras, por lo que tienen inconveniente en tirar de versiones. En su repertorio ya es indispensable Cortez The Killer, de Neil Young, terreno abonado para que la guitarra asuma el control durante un rato bien largo. La otra fue Blue Jean Blues, su propia visión de ZZ Top que incluyeron en su brillante debut discográfico, A Bit Of Devil, del que cayeron una emocionante Coming Home (Van Delft y Claro bajaron a tocar entre el público), Diamond Shoes y el tema título. Completaron el set list con Free (otro momento destacado), Moonshine y Believer, pertenecientes al disco Hiding Place. A estas alturas se les veía muy cómodos en el escenario, sin importarles la paliza que llevaban encima. Tenía mérito lo que estaban haciendo, ya que otros grupos quizás hubieran optado por volver a casa al tener todos los elementos en contra. Sin embargo, pese a que Zodiac no ha ganado ningún concurso, no tienen apellidos ilustres y nadie les ha regalado nada, dieron una lección de profesionalidad difícil de olvidar. Sólo había que observar  la cara de satisfacción de la gente al final para darse cuenta de que grupos así son fundamentales para la supervivencia del rock. Sin poco que ganar y más cosas que perder, se presentan ante poco más de 200 personas dando todo lo que llevan dentro, con buenas caras, sin complejos, con un par de pelotas.  Esto se tiene o no se tiene, no se consigue en un laboratorio televisivo, aunque la gran mayoría (no saben lo que están dejando escapar) no sepa ni sabrá nunca quiénes son Zodiac.

martes, 8 de diciembre de 2015

Top Ten de 2015: los diez mejores discos de rock del año que está a punto de acabar

Se acerca el final de 2015 y toca elegir los mejores discos de rock del año. Hay mucho y muy bueno para construir un top ten que, por supuesto, nunca es definitivo. En la música, como en el cine y otras variantes culturales, sobre gustos no hay nada escrito. A alguien le puede parecer que el Book Of Souls de Iron Maiden es lo mismo de siempre, que no aporta nada, mientras que otros (entre los que me incluyo) puede pensar que han sabido reinventarse con un gran trabajo. Me ha costado un trabajo enorme reducir una larguísima nómina de candidatos que sobrepasaba las 20 novedades de un año que, en mi opinión, ha sido de los mejores y más prolíficos que recuerdo. Por eso me voy a dejar fuera, aunque por derecho deberían haber estado ahí, a Hamlet, Clutch, Blackberry Smoke, Black Star Riders, Europe, The Sword, Kadavar, Blues Pills, Black Stone Cherry, Stryper, Honeymoon Disease, Def Leppard, Ugly Kid Joe, Armored Saint y tantos otros. En fin, menos palabrería y vamos con ello en orden descendente para mantener la emoción hasta el final.

10. Biters: Electric Blood
La gran promesa desde Atlanta para los que disfruten del rock más gamberro, sencillo y sin más pretensiones que pasar un buen rato. Se les puede acusar de comerciales, de flirtear demasiado con el pop, pero lo cierto es que su primer disco es una joya en bruto. Himnos juveniles con el espíritu de Kiss, Thin Lizzy, Ramones, New York Dolls, Motley Crue... Habrá que seguirlos de cerca.

9. Iron Maiden: The Book Of Souls
Cada disco en estudio de esta institución del heavy metal británico más tradicional es un acontecimiento. Nunca se sabe cuándo dirán basta y conviene disfrutar de sus lanzamientos como si fuera a ser el último. En formato doble, recuperando el espíritu de Powerslave, demuestran estar en plena forma. Bruce Dickinson, ya recuperado de su enfermedad, se atreve hasta con el piano. Fundamental.

8. The Darkness: Last Of Our Kind
Los que para mí son herederos de Queen (hasta han fichado al hijo de Roger Taylor para la batería) nos han dejado su mejor obra desde Permission To Land. Mucho hard rock, coros grandilocuentes, los falsetes más controlados, vestimentas inverosímiles, ambigüedad, toda una coctelera de sabores con la guinda del buen gusto inglés. Amor u odio. Es imposible que este grupo te deje impasible.

7. Faith No More: Sol Invictus
Uno de los regresos más sonados y esperados de la década. Tras varias giras de reunión, decidieron meterse en el estudio y el resultado es inmejorable. Parece que no ha pasado el tiempo desde la separación. Sol Invictus es tan, tan Faith No More que hasta da miedo que entre a la primera siendo quiénes son. Geniales, inclasificables, la veteranía es un grado y ahora juega mucho a su favor.

6. Motor Sister: Ride
Concebido como un pasatiempo para el cumpleaños de Scott Ian, ha acabado convirtiéndose en una banda matadora. La base son los temas de Mother Superior cantados por el propio Jim Wilson, acompañado del guitarrista de Anthrax, Joey Vera y John Tempesta. Menuda caña de disco este Ride, no tiene desperdicio con toques punk, metal moderno y mucho guitarreo del bueno. Tremendo.

5. Ghost: Meliora
Ya son casi un fenómeno de masas. Muchos se los tomaban a broma por las máscaras, los disfraces y el numerito de Papa Emeritus, pero la fórmula funciona. Y más con discazos como Meliora. Una especie de AOR doom satánico capaz de mezclar las melodías más dulces con riffs metaleros. Cuentan con la ventaja de ser suecos, lo que garantiza la calidad. Ah, y en directo se salen.

4. Thunder: Wonder Days
Otro regreso que estaba cantado. Son tan buenos que era un desperdicio tenerlos separados con tanto buen rock británico por ofrecer. No tienen un disco malo, así de simple, y Wonder Days no podía ser una excepción. A lo Free o Bad Company, con mucha clase, superando también la enfermedad de alguno de sus miembros, creo que tenemos truenos para rato. Que no escampe nunca, por dios. 

3. Teenage Time Killers: Greatest Hits Vol. 1
Increíble que un proyecto de esta magnitud haya pasado tan inadvertido. Hay gente que odia a los supergrupos, pero esto es algo más, es el paraíso del punk y el hardcore. Resultaría imposible enumerar a todos los invitados de esta orgía liderada por Reed Mullin, de COC, que disparan un temazo tras otro hasta dejarnos exhaustos. En plan Ramones, a toda leche, 20 trallazos.

2. Graveyard: Innocence & Decadence
Suecia es la nueva cuna del rock sin inventar nada diferente, lo que tiene su mérito. Cada día surge de allí una banda que vale la pena y Graveyard son los abanderados del estilo más retro, blues, psicodélico, clásico... Les tenía un poco atravesados por la insistencia del cantante en acaparar protagonismo, pero con su nuevo disco me han ganado para la causa. Obra maestra sin discusión. 

1. The Dead Daisies: Revolución
Otro supergrupo ha publicado, en mi opinión, el mejor disco de 2015. Ya era hora de que se hiciera justicia con John Corabi, un pedazo de cantante y de músico, que aporta la brillantez que le faltaba a esta banda de viejos zorros. Hard rock de toda la vida, de muchos quilates, hecho con clase, disfrutando de cada segundo. Ojalá sigan adelante y no que quede en una anécdota. Medalla de oro. Una maravilla desde Mexico hasta Critical.