Mantiene el nivel Never Turn Back con esa mezcla de estilos que no te deja impasible. En otro contexto está The One, que posee un ritmo infeccioso para dar paso a un estribillo melódico y un solo de guitarra fantástico. Recomiendo ver el vídeo de este tema, muy cachondo, repleto de segundas intenciones con chicas despampanantes por doquier. Una pasada con gran sentido del humor. En la recta final, Love For The Night es otra gema con unos teclados efectivos que se meten en el cerebro a la primera. Toca sacar la Fender imaginaria también con Flying Too Close To The Sun, que va creciendo hasta unos gritos guturales. Otra canción muy completa, ya que tiene de todo en 3:21 minutos. Esa es la principal habilidad de We Are Harlot: meter un montón de influencias en cortísimos espacios de tiempo. Terminan con una balada de piano clásico, I Tried, que no se hace ñoña ni larga y me recuerda un poco a Def Leppard. ¿Será este su Pyromania? Quizás sólo su High And Dry, pero si el proyecto tiene continuidad, yo espero su Hysteria en toda regla.
Rock&Roll: género musical de ritmo marcado, derivado de una mezcla de diversos estilos de la cultura folklórica estadounidense, (doo wop, rhythm&blues, hillbilly, blues, country y western son los más destacados) y popularizado desde los 50 hasta nuestros días.
Van Halen collage
martes, 16 de junio de 2015
Crítica de We Are Harlot: We Are Harlot (Roadrunner Records, 2015)
Vaya sorpresa que me he llevado con este grupo. Confieso que no lo conocía de nada y, otra vez gracias a un streaming en la web de Classic Rock, he descubierto otro disco sin muchas pretensiones, divertido, variado y más que disfrutable. We Are Harlot nace en USA de la colaboración en 2011 (eso que llaman supergrupo) del cantante de Asking Alexandria, Danny Worsnop, con el guitarrista Jeff George, que acompaña a Sebastian Bach en su proyecto en solitario. Completan la formación el bajista Brian Waver, de Silvertide (pedazo de disco de debut se marcaron hace ya demasiado tiempo) y el batería Bruno Agra, de Revolution Renaissance. Nombres con poca repercusión, al menos para mí, pero que han creado una obra musical muy atractiva que ha tenido buena respuesta de ventas en Estados Unidos e Inglaterra. Aquí nada de nada, estarán más atentos al nuevo peinado de Bisbal... En fin, vamos al grano. Ellos mismos, junto a Kato Khanwala, se encargan de producir once temas potentes, con el denominador común del hard rock más clásico, aunque introducen muchos matices. Abren a todo trapo con Dancing On Nails (estribillo ganador) y Dirty Little Thing. Encontramos piano y sintetizadores por debajo de una base guitarrera, con buenos solos, y la voz rota de Worsnop. Imposible no hacer air guitar al escuchar este inicio tan demoledor. La cosa se pone más comercial, más tranquila, con Someday, en plan banda sonora de película taquillera. Denial, el primer single que lanzaron, sube de nuevo las revoluciones hasta explotar con voces guturales inesperadas. Aunque para caña, de la buena, One More Night. Menudo trallazo a toda mecha se marcan a mitad del disco. Seguro que es uno de los momentos más salvajes de sus conciertos, porque acabas exhausto después de algo más de tres minutos de dinamita sonora. En mi opinión, lo mejor de su estreno discográfico.
viernes, 12 de junio de 2015
Blues Pills, Lucifer y Kill It Kid: tres voces femeninas que piden paso en el rock
¿Alguien se acuerda de Doro Pesch y Lita Ford? En una época en la que la imagen del cantante supermacho era la tónica dominante en el hard rock, ellas ponían la nota discordante. Cada una en su estilo, la alemana al frente del grupo de heavy más tradicional Warlock, y la americana más light desarrollando su carrera en solitario tras dejar las Runaways, representaban las excepciones en una escena totalmente controlada por hombres. Además, y que nadie se lo tome a mal, aprovechaban su atractivo para promocionar un trabajo que no estaba exento de calidad. A rebufo suyo surgieron las también estadounidenses Vixen y Phantom Blue con un estilo muy comercial y una imagen a lo Poison que estaba tan de moda a principios de los 90. Con la irrupción del grunge surgieron las recién reunidas L7 de Donita Sparks (Bricks Are Heavy es de escucha obligada), pero eran gotas de agua dentro del gran océano masculino. En España, por ejemplo, tuvieron su momento de fama Dover, capitaneados por las hermanas Llanos, aunque el éxito del famoso Devil Came To Me se fue disolviendo con sus constantes devaneos musicales. Pero los tiempos están cambiando y, actualmente, cada vez son más los grupos de rock que se presentan con una cantante femenina al frente. Es más, surgen como churros y yo me voy a centrar en tres muy diferentes entre sí, tres propuestas muy interesantes como son Blues Pills, Lucifer y Kill It Kid. Los primeros tienen su base en Suecia (aquello es una mina) con una Elin Larsson que bien podría convertirse en la nueva Janis Joplin o Aretha Franklin. Acompañada por el guitarrista francés Dorian Sorriaux, el bajista americano Zack Anderson y su compatriota André Kvaströn en la batería, beben directamente de los 70, de clásicos como Cream, Free, Fleetwood Mac o Grand Funk Railroad. Sólo tienen un disco publicado el año pasado tras algunos EPS, aunque su punto fuerte está en el directo. Yo me agencié uno oficial, en formato digibook, que recoge su actuación en el Freak Valley Festival, y que realmente merece la pena. Elin despliega todo el potencial de su voz mientras alargan las canciones del estudio en plan jam para darles otros matices. Un viaje con toques psicodélicos muy recomendable. Este verano participan en muchos de los festivales que inundan el calendario. Imprescindibles.
En otro contexto totalmente distinto están Lucifer. Su nombre no deja lugar a dudas de que practican un doom oscuro cuya inspiración viene, lógica y casi obligadamente, de los maestros Black Sabbath. Entre Berlín y Londres está el origen de un grupo que puede no ser muy original, pero la voz de Johanna Sadonis es el elemento que les diferencia de otros similares. Al guitarrista se le conoce como The Wizard (de nuevo Sabbath), el bajista es Dino Gollnick y el batería Andrew Prestidge. Tras el debut con el single Anubis, este año salió a la venta Lucifer I, su primer trabajo con sólo ocho temas muy monolíticos, con atmósferas extrañas, sonido crudo, directo, y unas letras de marcada temática oculista. Ya sea para llamar la atención o no, lo cierto es que Johanna ya había dejado constancia de su gusto por este estilo en The Oath, su anterior formación de corta vida, pero muy valorada en ciertos círculos. De nuevo todo queda en el pasado si se buscan sus influencias principales, algo que no ocurre, o quizás a medias, con Kill It Kid. El protagonismo de Stephanie Ward como vocalista está compartido con el guitarrista Chris Turpin, y ella se hace cargo de las teclas para dar forma a un sonido peculiar que me impresionó cuando los vi hace poco menos de una semana en la Moby Dick de Madrid. Estos chavales ingleses (la media de edad debe ser bajísima) tienen una base claramente blues, aunque introducen su propia personalidad más moderna (Royal Blood) en unos temas que ganan muchísimo en directo, lo que dice mucho a su favor. Turpin lo borda con el slide, mientras que Marc Jones (batería) y Dom Kozubik (bajista) se mantienen en un segundo y efectivo plano para explotar en varios finales épicos que hicieron templar la sala. Stephanie, a la que muchos no quitaron ojo por otros motivos (es bien guapa la chica), acaricia el teclado y pone el contrapunto a Turpin con una voz que también va in crescendo. Es algo engañosa, en el buen sentido, la música de esta joven banda británica que tiene todo el futuro por delante. ¿Un futuro que puede ser propiedad de la mujer en el rock? En ello están, y ya se sabe que cuando se empeñan en algo...
En otro contexto totalmente distinto están Lucifer. Su nombre no deja lugar a dudas de que practican un doom oscuro cuya inspiración viene, lógica y casi obligadamente, de los maestros Black Sabbath. Entre Berlín y Londres está el origen de un grupo que puede no ser muy original, pero la voz de Johanna Sadonis es el elemento que les diferencia de otros similares. Al guitarrista se le conoce como The Wizard (de nuevo Sabbath), el bajista es Dino Gollnick y el batería Andrew Prestidge. Tras el debut con el single Anubis, este año salió a la venta Lucifer I, su primer trabajo con sólo ocho temas muy monolíticos, con atmósferas extrañas, sonido crudo, directo, y unas letras de marcada temática oculista. Ya sea para llamar la atención o no, lo cierto es que Johanna ya había dejado constancia de su gusto por este estilo en The Oath, su anterior formación de corta vida, pero muy valorada en ciertos círculos. De nuevo todo queda en el pasado si se buscan sus influencias principales, algo que no ocurre, o quizás a medias, con Kill It Kid. El protagonismo de Stephanie Ward como vocalista está compartido con el guitarrista Chris Turpin, y ella se hace cargo de las teclas para dar forma a un sonido peculiar que me impresionó cuando los vi hace poco menos de una semana en la Moby Dick de Madrid. Estos chavales ingleses (la media de edad debe ser bajísima) tienen una base claramente blues, aunque introducen su propia personalidad más moderna (Royal Blood) en unos temas que ganan muchísimo en directo, lo que dice mucho a su favor. Turpin lo borda con el slide, mientras que Marc Jones (batería) y Dom Kozubik (bajista) se mantienen en un segundo y efectivo plano para explotar en varios finales épicos que hicieron templar la sala. Stephanie, a la que muchos no quitaron ojo por otros motivos (es bien guapa la chica), acaricia el teclado y pone el contrapunto a Turpin con una voz que también va in crescendo. Es algo engañosa, en el buen sentido, la música de esta joven banda británica que tiene todo el futuro por delante. ¿Un futuro que puede ser propiedad de la mujer en el rock? En ello están, y ya se sabe que cuando se empeñan en algo...miércoles, 10 de junio de 2015
Slipknot y Stone Sour, las dos caras de un gran vocalista hiperactivo: Corey Taylor
Todavía recuerdo la impresión que me causó Slipknot cuando se dio a conocer en 1995. Un grupo de nueve miembros ataviados con monos naranjas que ocultaban sus caras bajo unas máscaras terroríficas. Lógicamente, todos eran desconocidos y procedían de Des Moines, un pueblo de la norteamérica más profunda situado en Iowa. Con esta carta de presentación, el resultado musical no podía ser otro que una mezcla metálica macabra, llena de ruidos insólitos, rugidos, riffs atronadores, baterías imposibles, letras que invitaban a la locura... Un primer disco brutal que creó rápidamente una fiel base de fans llamados maggots que dio paso a un segundo todavía más infernal que reconozco no haber podido escuchar nunca de un tirón. Para mí, hasta el Reign In Blood de Slayer es más accesible. Con eso lo digo todo. Poco a poco, el misterio que rodeaba a los integrantes de Slipknot se fue despejando y uno de ellos, el cantante Corey Taylor, puso en marcha un proyecto paralelo denominado Stone Sour. Ayudado por el éxito del single Bother en la banda sonora del primer Spiderman de Sam Raimi, su debut discográfico fue una gran sorpresa. Sin alejarse de la dureza de su banda madre, aunque con el ritmo más reposado, de metal más tradicional, la voz del este músico de 41 años adquiría nuevos matices en algunas canciones. Se intuía que algo prometedor se estaba gestando como así lo confirmó su carrera ascendente. Lo más meritorio del caso es cómo Taylor ha sabido compaginar, pese a los palos que se la llevado, dos personalidades distintas, dos formas diferentes de cantar y actuar, al frente de dos grupos top (como diría Mourinho) dentro del rock más metálico. Con Slipknot ha publicado ya cinco discos en estudio, dvds y algún directo; la misma cifra que Stone Sour, incluyendo algún miembro compartido entre ambas bandas y siempre, pese a los cambios de formación, el éxito ha sido destacable. En directo son dos apisonadoras que ya he tenido la ocasión de ver varias veces y nunca fallan, cada uno en su estilo.
Con el paso del tiempo, Corey Taylor se ha convertido en un músico hiperactivo, incapaz de estarse quieto y que no para de generar noticias. Es un caso parecido, salvando las distancias, al de Dave Grohl, con el que ya ha tenido algún escarceo como poner su voz a una canción en la BSO del recomendable documental Sound City. Ambos participan en Teenage Time Killers, un megaproyecto de punk y hardcore apadrinado por el batería de COC que espero con impaciencia para este verano. No está nada mal la versión del Rainbow In The Dark del disco homenaje al Dio en la que canta y, personalmente, me encantó su aparición por sorpresa en el concierto de Steel Panther (menudos cachondos) en el Download Festival de hace tres años. Por si esto fuera poco, de su mente inquieta surgió la idea conceptual del House Of Gold And Bones I y II, el último doble disco de Stone Sour, acompañada de un cómic en el que desgranaba toda la historia. Como curiosidad, señalar que el bajista Rachel Bolan de Skid Row se hizo cargo de las cuatro cuerdas en dicha grabación. Lo último que ha salido a la venta fue el EP Meanwhile In Burbank, una notable colección de versiones de Alice In Chains, Metallica, Judas Priest, Kiss y Black Sabbath, para conmemorar el Record Store Day dedicado al vinilo en todo el mundo. Ya han anunciado que tienen más covers preparadas para sucesivos lanzamientos. Habrá que estar atentos, porque la calidad está asegurada. Da gusto que existan músicos así, que no se acomodan pese al éxito. Artistas de este tipo nacen, no se hacen en laboratorios televisivos o similares, absorben lo mejor de los más grandes que les han precedido y nos alegran la vida con ese gran invento que es la música.
Con el paso del tiempo, Corey Taylor se ha convertido en un músico hiperactivo, incapaz de estarse quieto y que no para de generar noticias. Es un caso parecido, salvando las distancias, al de Dave Grohl, con el que ya ha tenido algún escarceo como poner su voz a una canción en la BSO del recomendable documental Sound City. Ambos participan en Teenage Time Killers, un megaproyecto de punk y hardcore apadrinado por el batería de COC que espero con impaciencia para este verano. No está nada mal la versión del Rainbow In The Dark del disco homenaje al Dio en la que canta y, personalmente, me encantó su aparición por sorpresa en el concierto de Steel Panther (menudos cachondos) en el Download Festival de hace tres años. Por si esto fuera poco, de su mente inquieta surgió la idea conceptual del House Of Gold And Bones I y II, el último doble disco de Stone Sour, acompañada de un cómic en el que desgranaba toda la historia. Como curiosidad, señalar que el bajista Rachel Bolan de Skid Row se hizo cargo de las cuatro cuerdas en dicha grabación. Lo último que ha salido a la venta fue el EP Meanwhile In Burbank, una notable colección de versiones de Alice In Chains, Metallica, Judas Priest, Kiss y Black Sabbath, para conmemorar el Record Store Day dedicado al vinilo en todo el mundo. Ya han anunciado que tienen más covers preparadas para sucesivos lanzamientos. Habrá que estar atentos, porque la calidad está asegurada. Da gusto que existan músicos así, que no se acomodan pese al éxito. Artistas de este tipo nacen, no se hacen en laboratorios televisivos o similares, absorben lo mejor de los más grandes que les han precedido y nos alegran la vida con ese gran invento que es la música.
martes, 9 de junio de 2015
Festivales de verano: amplia oferta para pasarlo bien tres días escuchando música
Ya está aquí el verano y con él llegan los festivales veraniegos de rock. Cada año aumenta la oferta dentro de un formato ideal para pasarlo bien durante varios días (la duración es variable) escuchando música en directo. Hay mucha gente que los odia por las aglomeraciones, los precios, los viajes, las incomodidades o el cansancio, pero a otros, como es mi caso, les parece la mejor forma de ver muchos grupos apetecibles en poco espacio de tiempo. Si encuentras a alguien que comparta tus gustos musicales y al que no le importe romper con la rutina para soltar un poco de adrenalina cerveza en mano, no veo otra actividad más adecuada para la época estival. Hay otro factor, el económico, del que también depende la elección de un festival u otro. Como suele suceder siempre al hablar de rock, en España no hay mucho donde elegir, aunque sería lo más barato por tener que desplazarse a menos distancia. Sin embargo, poco a poco han ido desapareciendo citas de cierta tradición como Festimad, Doctor Music, Electric Weekend (sólo hubo una edición de gran calidad), Metalway, Kobetasonik y hasta el itinerante Sonisphere, por lo que, ahora mismo, Azkena Rock Festival y Resurrection Fest son las propuestas más interesantes dentro de nuestro país. Dejo a un lado el Viñarock, ya que se centra siempre en casi los mismos grupos nacionales y está destinado a un público y edad determinados. Eso sí, hay que reconocer que ya lleva mucho tiempo funcionando, lo que tiene su mérito. El BBK tiene la ventaja de celebrarse en su sitio que me encanta, el monte Kobeta donde vi a los Black Crowes, pero no me gusta nada el estilo musical que han elegido para atraer a las masas, cada vez más alejado del rock. Personalmente, la relación calidad precio del Resurrection Fest, del que me han hablado muy bien y celebra su décimo aniversario, ha hecho que me decante por estrenarme el próximo mes de julio en Viveiro. Hubiera preferido repetir viaje a Francia o Inglaterra como en otras ocasiones, pero esta vez hay circunstancias que lo impiden.
A nivel internacional, el pasado fin de semana, dos clásicos como son Sweden Rock Festival y Rock Am Ring inauguraron la temporada festivalera a lo grande. Del primero hablan maravillas y suele destacar por reunir a grupos que llevaban mucho tiempo inactivos. Suele ofrecer actuaciones exclusivas, aunque desplazarse hasta Suecia, unido a los gastos de alojamiento, comidas, compras e imprevistos, que siempre los hay, puede suponer demasiado esfuerzo monetario. El otro se celebró en Alemania con Slipknot y Foo Fighters como mayores atractivos y tiene la ventaja de poder seguirlo en streaming. No es lo mismo que vivirlo in situ, pero te haces una idea de las miles de personas que se juntan allí para pasarlo en grande. Aunque para grande, pero mucho, el Download Festival inglés que se celebra a finales de esta misma semana. Heredero directo del mítico Monsters Of Rock (mirando los carteles de finales de los 80 se me hace la boca agua), tiene lugar en los alrededores del circuito de Donington con varias ventajas e inconvenientes. La organización es perfecta, no te sientes agobiado pese a las dimensiones del lugar y el aforo tan brutal que tiene y hasta te falta tiempo para ver tanto grupo. Es una pasada, yo he estado dos veces y espero volver mientras el cuerpo aguante. Lo malo, de nuevo el tema económico y, sobre todo, la metereología. Llueve siempre, a veces hasta formar barrizales kilométricos en los que apenas te tienes en pie. Es lo que hay, mejor asumirlo e ir preparado, porque igual hasta sale el sol. Demasiado salió el año pasado en el Hellfest francés, que se ha convertido en la otra gran cita del metal en todas sus vertientes. Suele compartir cabezas de cartel con el Download basado en viejas glorias, que son las que garantizan el sold out. Tiene varios escenarios temáticos aparte de los dos principales y una decoración cuidada hasta el más pequeño detalle. Todo muy siniestro, pero elegido con mucho gusto y cuando anochece parece que estás en el mismo infierno. Como en casa, vamos. Aparte de estos dos, la oferta es variadísima dentro del rock en toda Europa. No me puedo olvidar del Wacken Open Air. Tiene lugar en Alemania desde 1990 y su popularidad entre el sector más duro ha ido creciendo tanto que es casi imposible conseguir una entrada. Se agotan en apenas 48 horas, es como una religión para el heavy metal y hasta cuenta con una zona medieval para asistir a batallas entre guerreros vikingos. No sé si será demasiado para mí, pero tengo la intención de ir alguna vez, repito, si el cuerpo aguanta y la mente también. Me lo paso fenomenal en estos eventos, qué le vamos a hacer... ¿Se me nota mucho?
viernes, 5 de junio de 2015
Doble ración de Scott Weiland con The Wildabouts y Art Or Anarchy
Vaya por delante que nunca me gustó mucho el grunge (salvo Pearl Jam y Soundgarden) ni Stone Temple Pilots. Le cogí manía porque significó el final de un montón de bandas hard, sleazy, glam o como las quieran llamar, con las que me metí de lleno en esto de la música. El lado gamberro, vicioso, salvaje y divertido del rock and roll procedente de Sunset Strip se fue apagando por culpa de unos chavales amargados de Seattle. Metían mucho ruido, pero nunca me pareció que aportaran nada positivo, la verdad. Muchos se quedaron por el camino como Cobain, Staley o Wood, aunque la muerte de este último nos dejó esa maravilla que es Temple Of The Dog. Por ahí andaba Scott Weiland con los Pilots. Poco puedo decir de su discografía, ya que la primera vez que le presté atención fue cuando le eligieron como cantante de Velvet Revolver. Craso error. En mi opinión, no pegaba nada al lado de Slash, Duff y compañía, y se limitaba a intentar imitar los contoneos del Axl más clásico. No tiene mala voz, simplemente no encajaba en una banda que se suponía heredera de Guns N' Roses. Y eso que los dos trabajos en estudio (Contraband y Libertad) son más que aprovechables. El problema era que no había química y yo mismo lo comprobé en un concierto del que hablo en el post anterior. Por eso acabó la historia tan mal con todos criticándose mutuamente. Parece ser que el estado físico de Weiland era lamentable, que había vuelto a las drogas, aunque él se defendía en cada entrevista. Stone Temple Pilots se reactivaron con un disco que hasta yo escuché y su carrera parecía enderezada. La sorpresa fue que, de pronto, sus compañeros se pusieron a grabar con Chester Bennington de Linkin Park, algo que no le sentó nada de bien y, de nuevo, le tocó remar en solitario. Menudo culebrón de declaraciones cruzadas se montó.
Para demostrar que no está acabado pese que por ahí circula algún vídeo que le deja en mal lugar, ahora vuelve a la actualidad con dos trabajos casi simultáneos que no están nada mal. Y muy diferentes además. Con los Wildabouts publicó Blaster el pasado mes de marzo seguido de la triste noticia del fallecimiento de su guitarrista Jeremy Brown, que fue sustituido inmediatamente por Nick Marbury. En cuanto a la música, el trabajo muestra un montón de influencias, desde el post-grunge, hard rock y hasta el glam tipo Bowie. Se trata de un disco fácil de oír, no aburre, y al final acabas tarareando alguna de sus melodías. El debut de Art Of Anarchy todavía me gusta más. Se trata de un proyecto que incluye a Ron Bumblefoot Tal (uno de los mercenarios de Axl) en la guitarra, el bajista de Disturbed John Moyer y los desconocidos hermanos John y Vince Votta. Aunque Weiland dice que no forma parte del grupo, su voz encaja bien en un estilo de metal más moderno, muy duro a veces, con reminiscencias hasta de Metallica. También hay pasajes de guitarra española, cambios de ritmo que sorprenden, temas más melódicos.... Y lo mejor es que la voz del cantante californiano de 47 años encaja mejor que nunca. Al menos no chirría, aunque él asegura que los Wildabouts es su formación actual. Ya veremos qué ocurre, porque con Scott nunca se sabe. Por ahora, recomiendo la escucha de estas dos novedades que tanto y tan agradablemente me han sorprendido.
miércoles, 3 de junio de 2015
John Corabi regresa con el supergrupo Dead Daisies para cantar en Revolución
Hay muchos músicos infravalorados en el mundo del rock, pero pocos lo están tanto como John Corabi. Admito que tengo una debilidad por este cantante nacido en Filadelfia (USA) hace ya 56 años. El gran público le conocerá por su corta estancia en Mötley Crüe en 1994 para sustituir a Vince Neil en el disco sin título que tan pobre acogida tuvo pese a su enorme calidad. Con el paso del tiempo, los propios Mick Mars y Tommy Lee así lo han reconocido y entre los fans del grupo se ha convertido en un trabajo de culto. Una pena que aquella colaboración entre ambas partes se quedara ahí, aunque yo ya le conocía por estar al frente de The Scream, cuyo primer y único disco, Let It Scream, recomiendo a cualquier seguidor del buen hard rock. Es una joya descatalogada muy difícil de encontrar hoy en día. Tras formar parte de varios proyectos ajenos (Union, Ratt) y propios como un directo acústico, ahora vuelve al primer plano de la escena musical con The Dead Daisies para poner su maravillosa voz en Revolución. Es el segundo trabajo de este supergrupo formado por músicos tan conocidos como Richard Fortus y Dizzy Reed (de los nuevos Guns N' Roses), David Lowy, Marco Mendoza y Brian Tichy (dos ex de Whitesnake). Están muy de moda este tipo de agrupaciones de grandes talentos, aunque muchas veces el resultado es algo frío y sin alma. Para mí, no estamos ante un caso así, por lo que llevo varios días disfrutando de una obra muy completa, variada, de hard rock a la vieja usanza sumado a algún toque más o menos moderno.
No me voy a centrar en ningún tema en concreto, ya que todos tienen su atractivo. Lo que más me congratula, no lo puedo negar, es la vuelta a la actualidad de Corabi. Sus compañeros están a un gran nivel como era de esperar teniendo en cuenta su trayectoria, pero han dado un paso hacia adelante incorporando a un vocalista único. Además de ser un guitarrista rítmico más que competente, esa voz chillona y algo cazallosa le viene como anillo al dedo a una formación que en directo deben estar más que bien. Me encanta esa pinta de hippy medio pasado que lleva que se ha acentuado con los años. Ya se ha confirmado su presencia an algunos festivales y van a telonear a Kiss en una gira europea que acaba de comenzar. El 22 de junio pasará por Madrid, lo que supone una gran ocasión para comprobar si estamos ante un proyecto efímero o si hay química y algún atisbo de continuidad en los Dead Daisies. Sin despreciar a Kiss (Dios me libre) no sería la primera vez que el telonero supera al grupo principal. Yo lo viví cuando los Backyard Babies (otros que vuelven este año) borraron del escenario a Velvet Revolver hace once años en La Riviera. Espero que Paul Stanley haya recuperado algo de voz (estuvo penoso en el Hellfest), porque sino se podría volver a repetir. Ojo, que Kiss son un mito para mí y ya sólo con que salgan a escena se me ponen los pelos de punta. Ya veremos lo que ocurre, pero bienvenido sea el gran John Corabi a una escena en la que mereció tener mucha mejor suerte. ¿Verdad querido Nikki Sixx?
No me voy a centrar en ningún tema en concreto, ya que todos tienen su atractivo. Lo que más me congratula, no lo puedo negar, es la vuelta a la actualidad de Corabi. Sus compañeros están a un gran nivel como era de esperar teniendo en cuenta su trayectoria, pero han dado un paso hacia adelante incorporando a un vocalista único. Además de ser un guitarrista rítmico más que competente, esa voz chillona y algo cazallosa le viene como anillo al dedo a una formación que en directo deben estar más que bien. Me encanta esa pinta de hippy medio pasado que lleva que se ha acentuado con los años. Ya se ha confirmado su presencia an algunos festivales y van a telonear a Kiss en una gira europea que acaba de comenzar. El 22 de junio pasará por Madrid, lo que supone una gran ocasión para comprobar si estamos ante un proyecto efímero o si hay química y algún atisbo de continuidad en los Dead Daisies. Sin despreciar a Kiss (Dios me libre) no sería la primera vez que el telonero supera al grupo principal. Yo lo viví cuando los Backyard Babies (otros que vuelven este año) borraron del escenario a Velvet Revolver hace once años en La Riviera. Espero que Paul Stanley haya recuperado algo de voz (estuvo penoso en el Hellfest), porque sino se podría volver a repetir. Ojo, que Kiss son un mito para mí y ya sólo con que salgan a escena se me ponen los pelos de punta. Ya veremos lo que ocurre, pero bienvenido sea el gran John Corabi a una escena en la que mereció tener mucha mejor suerte. ¿Verdad querido Nikki Sixx?
lunes, 1 de junio de 2015
Concierto de AC/DC (Vicente Calderón, 31-05-2015): Dos horas electrocutados
Lo han vuelto a hacer. Por más que pasen los años, los estilos y las modas, ellos siguen ahí, al frente del rock and roll más eléctrico. En eso consistió el primero de los dos conciertos de AC/DC en el Vicente Calderón dentro de su gira para presentar Rock or Bust: dos horas de pura electrocución. Siempre lo he dicho y me reafirmo en ello. Ahora mismo, como sigue sin haber relevo, los australianos ofrecen el mejor y más completo espectáculo que se puede ver sobre un escenario. El repertorio no tiene rival, el sonido de la máquina engrasada es inmejorable, efectos los justos pero en su momento adecuado, conexión total con el público... No se puede pedir más, ellos saben lo que sus seguidores quieren y se lo dan sin ahorrar una sola gota de sudor. Y aquí hay que pararse a hablar de Angus Young. Un señor de 60 años, pequeñito, encorvado, delgado, del que nadie sospecharía que es el mismo diablo. Es su secreto, la única explicación de por qué sigue vivo después del derroche físico que hace cada noche de actuación. Desde que sale con el traje de colegial hasta que acaba revolcándose medio desnudo por el suelo en la eterna Let There Be Rock recorre cientos (o miles) de kilómetros mientras su Gibson SG escupe las notas de la banda sonora del infierno. Ya le he visto en muchas ocasiones, pero nunca deja de sorprenderme su entrega, cómo disfruta con esos bailes del pato, para que al final acabes casi mas cansado que él. Impresionante. No hay nadie que le acerque.
Junto a él, la imperturbable base rítmica, el muro de demolición con las novedades del repescado Chris Slade en la batería y Stevie Young (todo queda en casa) en la segunda guitarra. Mientras Phil Rudd sigue arreglando sus problemas con la justicia, yo me acordé de Malcolm, el hermano de Angus que durante tantos años fue la espina dorsal del grupo. Ojalá se recupere pronto de su enfermedad. Los dos nuevos integrantes cumplieron de sobra con su labor y no se notaron las ausencias. En cuanto al cantante Brian Johnson, le vi poco comunicativo, más parado que otras veces. Canta bien pese a tener la voz ya algo tocada, pero no habló nada con el público entre las canciones y se quedó en segundo plano dejando el protagonismo al omnipresente Angus. Fue raro, la verdad.
Abriendo con el tema título del último disco, fueron cayendo los clásicos uno tras otro y el Calderón lo celebraba con mucha más efusividad que cualquier gol que se haya visto allí. Fue emocionante ver cómo gente que no se conocía de nada se abrazaba para bailar, cantar y saltar con Back In Black, You Shook Me All Night Long, Thunderstruck y tantas otras. Las caras de felicidad, como la mía, eran inenarrables. Miles del selfies, los cuernos rojos brillando en la oscuridad, los móviles echando humo para recoger cada momento... Una fiesta irrepetible porque, aunque el esquema de los conciertos de AC/DC es siempre el mismo, sabes que estás presenciando algo único que quizás sea la última vez que tenga lugar. De propina sonaron temas poco habituales como High Voltage, Sin City y Have a Drink On Me. Dejaron para los bises el eterno Highway To Hell y para cerrar, como siempre, For Those About To Rock con los cañones atronando el estadio. Era ya noche cerrada sobre Madrid, pero los fuegos artificiales iluminaron un cielo en el que Bon Scott (no sé yo si estará ahí o más abajo) seguro que sonreía después de dos horas de electrocución. Dos horas (que aprendan muchos) de auténtico placer sonoro, de rock and roll, de honestidad, sinceridad, trabajo, sudor, esfuerzo, profesionalidad... Precisamente todo lo que escasea en el mundo actual. Que no lo dejen nunca, por favor, si no hubieran existido habría que inventarlos por el bien de la humanidad. Señora Margaret Young... a sus pies.
Junto a él, la imperturbable base rítmica, el muro de demolición con las novedades del repescado Chris Slade en la batería y Stevie Young (todo queda en casa) en la segunda guitarra. Mientras Phil Rudd sigue arreglando sus problemas con la justicia, yo me acordé de Malcolm, el hermano de Angus que durante tantos años fue la espina dorsal del grupo. Ojalá se recupere pronto de su enfermedad. Los dos nuevos integrantes cumplieron de sobra con su labor y no se notaron las ausencias. En cuanto al cantante Brian Johnson, le vi poco comunicativo, más parado que otras veces. Canta bien pese a tener la voz ya algo tocada, pero no habló nada con el público entre las canciones y se quedó en segundo plano dejando el protagonismo al omnipresente Angus. Fue raro, la verdad.
Abriendo con el tema título del último disco, fueron cayendo los clásicos uno tras otro y el Calderón lo celebraba con mucha más efusividad que cualquier gol que se haya visto allí. Fue emocionante ver cómo gente que no se conocía de nada se abrazaba para bailar, cantar y saltar con Back In Black, You Shook Me All Night Long, Thunderstruck y tantas otras. Las caras de felicidad, como la mía, eran inenarrables. Miles del selfies, los cuernos rojos brillando en la oscuridad, los móviles echando humo para recoger cada momento... Una fiesta irrepetible porque, aunque el esquema de los conciertos de AC/DC es siempre el mismo, sabes que estás presenciando algo único que quizás sea la última vez que tenga lugar. De propina sonaron temas poco habituales como High Voltage, Sin City y Have a Drink On Me. Dejaron para los bises el eterno Highway To Hell y para cerrar, como siempre, For Those About To Rock con los cañones atronando el estadio. Era ya noche cerrada sobre Madrid, pero los fuegos artificiales iluminaron un cielo en el que Bon Scott (no sé yo si estará ahí o más abajo) seguro que sonreía después de dos horas de electrocución. Dos horas (que aprendan muchos) de auténtico placer sonoro, de rock and roll, de honestidad, sinceridad, trabajo, sudor, esfuerzo, profesionalidad... Precisamente todo lo que escasea en el mundo actual. Que no lo dejen nunca, por favor, si no hubieran existido habría que inventarlos por el bien de la humanidad. Señora Margaret Young... a sus pies.
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