Son demasiadas coincidencias. También puede que esté soñando despierto, pero el rumor lleva demasiado tiempo en el aire y los indicios apuntan a bombazo en 2016. De momento, desde Australia llegan 'soplos' de que los Guns N`Roses originales podrían estar en la próxima edición del festival Soundwave que se celebra allí en enero y febrero. Por su parte, el promotor que llevó a Axl a Argentina por última vez ha dado por hecho el esperado regreso en twitter. No quiero ni pensar en cómo estarán las oficinas de los principales festivales de cara al año que viene. Echarán humo para ser los primeros en anunciar lo que sería el acontecimiento más importante del rock desde hace mucho, mucho tiempo. De todas formas, teniendo en cuenta de quién estamos hablando, conviene no ilusionarse en exceso. Axl Rose se ha convertido en un personaje excéntrico (con un estado de forma limitado) capaz de darle la vuelta a la tortilla en cualquier momento. A Slash (también debería adelgazar) no le va nada mal con Myles Kennedy y los Conspirators, mientras que al resto tampoco les falta trabajo. Si por algo destacaban los Guns en su mejor época era por el caos, la imprevisibilidad, los giros inesperados, las peleas, los rumores, las mentiras, los desmentidos... En resumen, lo que les hizo ser el grupo más grande del planeta durante un tiempo que debió ser mayor. Su asalto relámpago a la fama les devoró, por lo que igual en esta ocasión se lo toman con calma. Al fin y al cabo, llevamos más de 20 años sin verlos juntos sobre un escenario. Si hemos podido esperar tanto, ¿qué mas da un poquito más? Yo, igual que millones de fans, estoy dispuesto a ello. It's so easy...
Rock&Roll: género musical de ritmo marcado, derivado de una mezcla de diversos estilos de la cultura folklórica estadounidense, (doo wop, rhythm&blues, hillbilly, blues, country y western son los más destacados) y popularizado desde los 50 hasta nuestros días.
Van Halen collage
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jueves, 27 de agosto de 2015
Axl y Slash se reconcilian, Izzy y Duff graban juntos... ¿Vuelven Guns N' Roses?
Anda la comunidad rockera revolucionada ante la posibilidad de que el gran milagro se convierta por fin en realidad. La reunión de la formación original de Guns N`Roses, el último fenómeno mainstream del negocio musical, está más cercana que nunca. Al menos eso parece tras las últimas noticias surgidas en torno a sus miembros, que siguen inmersos en sus propios proyectos. La señal más clara vino tras las declaraciones en una tv sueca del guitarrista Slash, cuya enemistad con el cantante Axl Rose parece haber terminado. Frases como "ahora las cosas están bien" o "hemos dejado atrás parte de esa negatividad que estaba ahí desde hace tiempo" no dejan lugar a dudas. Tras más de dos décadas son hablarse, la relación entre ambos se ha reconducido, lo que abre las puertas a todo tipo de especulaciones. Hay más pistas que llevan a la misma conclusión. El vocalista, dueño de los derechos del nombre del grupo con el que publicó el sobreproducido Chinese Democracy y lleva girando varios años, ha despedido hace poco a dos de los mercenarios con los que actuaba, Dj Ashba y Bumblefoot. En dichos conciertos han aparecido en varias ocasiones, como invitados sorpresa, sus viejos colegas de los Guns Izzy Stradlin y Duff McKagan. Dos músicos que, por cierto, están trabajando juntos en estudio para continuar con su colaboración en el brillante EP How To Be A Man que el bajista lanzó para apoyar el libro de su biografía. La pieza que falta, el batería Steven Adler, lleva tiempo rehabilitado de las adicciones por las que fue el primer expulsado de la banda en medio de la grabación de los Illusions. Tiene su propio grupo, aunque siempre ha afirmado que estaría encantado de tocar y grabar con sus antiguos compañeros. No es por nada, y lo siento por Matt Sorum, pero el sonido de los tambores del Appetite For Destruction es insuperable. Supongo que el bueno de Steven algo tendría que ver. O la producción de un Mike Clink en estado de gracia.
martes, 18 de agosto de 2015
Crítica de Buckcherry: Rock N' Roll (F-Bomb Records, 2015) Vivito y coleando
Título más que acertado para el nuevo y séptimo disco en estudio de Buckcherry. Sin más, diez canciones de rock macarra, sucio, con sus variantes típicas para demostrar que sigue gozando de buena salud. Y es que con grupos como el californiano, la supervivencia de nuestro querido estilo musical está asegurada. Ya sé que no inventan nada nuevo y puede que hasta se repitan sin llegar a alcanzar la brillantez de su insuperable debut en 1999. Sin embargo, ahí están siempre para alegrarle la vida al personal. Sobreviven con cierta solvencia en una segunda división de la que ya he hablado en otras ocasiones. Una segunda línea de fuego más que necesaria para que el invento siga funcionando. Además, tienen la gran suerte de tener a Josh Todd como frontman. Para mí, uno de los mejores que existen para comandar una banda de hard rock. Gran voz, muchas tablas sobre un escenario, actitud e imagen no le faltan pese a que no sé yo si ha superado del todo sus excesos con todo tipo de sustancias. En gran parte por el carisma del cantante se les consideró los nuevos Guns N`Roses, aunque ya hace mucho tiempo de eso y tan sólo el guitarrista Keith Nelson permanece de aquella formación original que prometía ser la próxima big thing. Admito que su discografía tiene altibajos (poca chicha tenía el conceptual Confessions), pero en esta ocasión han ido al grano. Nada mejor que cada uno haga lo que mejor sabe. Los experimentos, y más en el rock de este tipo, en casa y con gaseosa. Ya en la sencilla portada con un rayo a lo AC/DC se intuye lo que uno puede encontrar dentro. Los adelantos Bring It On Back y The Madness despejaban las dudas de que han vuelto a lo suyo, lo que supone no engañar a nadie. Respeto las críticas negativas, pero esto estos son Buckcherry en 2015, sin paños calientes. Sólo por el hecho de que sigan publicando material nuevo cada poco tiempo (gran aperitivo los EPs Fuck y Singles Club) deberíamos estar de enhorabuena.
Tras un inicio movido marca de la casa, con Wish To Carry On y The Feeling Never Dies llegan los primeros detalles para detenerse. Un medio tiempo y una balada clásica, dos terrenos, sobre todo el segundo, por los que suelen destacar. No sé por qué, pero en los temas lentos me encanta este grupo. La voz de Todd se adapta como un guante y suelen conseguir unos estribillos preciosos. Especial también es Rain's Faling, con un toque blues, una canción que rompe en su momento justo la intensidad generada por The Madness, Wood (extraña de primeras) y Sex Appeal. Esto último no podía faltar, ya que estamos hablando de chicas, juergas, motos, alcohol, drogas y demás argumentos indispensables en el manual sleazy. Igual que los solos de guitarra. En este trabajo hay unos cuantos y bastante bien colocados. No sobra ni falta ni uno. Get With It es un final más que digno para un disco muy fácil de escuchar. Casi ni te das cuenta, quizás te quedas con ganas de algo más, aunque ¿para qué? Muchas veces, el exceso de canciones, y de notas, llega a cansar. Insisto en que Buckcherry no van cambiar el mundo con este disco. Ni falta que hace. Ya lo dijeron unos que yo me sé en 1974: es sólo rock and roll, pero me gusta. Seguro que he recurrido a esta frase alguna vez más, por lo que pido perdón. Es la definición perfecta para hacer una crítica de este Rock N' Roll. Con la gran cantidad de novedades que se avecinan, mejor ir gastando los tópicos, porque habrá que inventar alguno.
viernes, 10 de julio de 2015
Concierto de Slash (Barclaycard Center Ring, 7-07-2015): Nostalgia con chistera
Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. En el caso de Slash, con algunos matices, puede que sea cierto. El hecho de haber pertenecido a la última gran banda mainstream de rock juega a su favor y también en su contra. O al menos esa fue la sensación con la que salí del largo concierto que ofrecieron en el Palacio de Madrid en formato center ring. En vez de utilizar todo el aforo del recinto, unos grandes telones tapan las gradas y el público, todo de pie, se sitúa en la pista con el escenario en su lugar habitual. No está mal pensado, aunque me pareció algo frío, no sé, faltaba algo y quizás por eso no estuve cómodo en ningún momento. La gente cada vez fuma más en sitios cerrados como este pese a la prohibición vigente, lo que contribuyó bastante a que no estuviera a gusto. En lo estrictamente musical, el grupo tocó durante dos horas, algo que es de agradecer en estos tiempos, y estuvo bastante correcto. El sonido no fue espectacular, pero el set list bien elegido y los clásicos eternos de Guns N' Roses lo subsanaron. El camino que ha elegido Slash me parece más honesto que el de su ex compañero y actual enemigo Axl Rose. Tanto su carrera en solitario como la de Velvet Revolver tiene momentos muy brillantes gracias a un sonido parecido al que llevó al estrellato a los Guns. Siempre he pensado que así es como sonarían en la actualidad si todavía estuvieran juntos. Igual me equivoco, pero el pastiche sobreproducido del Chinese Democracy no me acaba de convencer. ¿Qué quiere ofrecer realmente Axl con sus mercenarios? ¿Es verdad que tiene escritos miles de temas? Nadie lo sabe con exactitud pero, y ahí está el problema, cuando suenan Sweet Child Of Mine, Welcome To The Jungle, Paradise City, Nightrain o cualquier canción del Appetite For Destruction (cada vez estoy más seguro de que fue grabado por alienígenas) se te viene a la cabeza esa voz rota, chillona, y la imagen del cantante de Indiana contoneándose como una culebra.
No voy a criticar a Myles Kennedy, porque su elección para la banda de Slash me parece perfecta. Es elogiable que no quiera ser un clon de Rose. Va sobrado de potencial vocal y clava los temas, aunque el pasado martes, por primera vez de las tres que les he visto, eché de menos aquellos finales de las canciones en los que Axl torturaba su garganta y se escuchaba algo parecido a un gato al que le pisan la cola (You Could Be Mine). Eran marca de la casa, algo indispensable y Myles, ya sea a propósito o no, los ha eliminado de los conciertos. Igual en los anteriores tampoco lo hizo, no lo recuerdo, aunque esta vez me invadió la nostalgia de aquel grupo mítico, rompedor, que puso patas arriba el rock and roll. Sé que la reunión es una utopía, pero admito que no tenía mi mejor día y casi se me saltan las lágrimas. Slash, que ha hecho de su chistera un icono inconfundible, se dejó la piel en el escenario utilizando todo tipo de guitarras. La habitual Gibson naranja, de doble mástil, acústicas... Con todas demostró que le encanta lo que hace. Es feliz, se mete a la gente en el bolsillo, y por eso no se corta para hacer un solo de diez minutos en Rocket Queen (vaya temazo que cerraba el Appetite). Los temas de su primer disco en solitario, del Apocalyptic Love y el reciente World On Fire no desentonan y son muy disfrutables en directo. Hasta el bajista, Todd Kerns, se atrevió a cantar Dr. Alibi y Welcome To The Jungle ante la algarabía general. Hay buen rollo entre ellos y por eso el show tuvo un ritmo alto, no desfalleció pese a mi extraña impresión de que algo faltaba. El final de fiesta (con confetti a lo Kiss) de Paradise City fue apoteósico y todos parecieron quedar satisfechos. Saul Hudson, que es el verdadero nombre del músico inglés, también acabó feliz tras su paso por España. Incluso en su Twitter avisaba a los promotores de que le guardaran más fechas en nuestro país para el futuro. Espero que así sea y allí estaré, con nostalgia, aunque seguro que tendré un día mejor. Lo prometo.

No voy a criticar a Myles Kennedy, porque su elección para la banda de Slash me parece perfecta. Es elogiable que no quiera ser un clon de Rose. Va sobrado de potencial vocal y clava los temas, aunque el pasado martes, por primera vez de las tres que les he visto, eché de menos aquellos finales de las canciones en los que Axl torturaba su garganta y se escuchaba algo parecido a un gato al que le pisan la cola (You Could Be Mine). Eran marca de la casa, algo indispensable y Myles, ya sea a propósito o no, los ha eliminado de los conciertos. Igual en los anteriores tampoco lo hizo, no lo recuerdo, aunque esta vez me invadió la nostalgia de aquel grupo mítico, rompedor, que puso patas arriba el rock and roll. Sé que la reunión es una utopía, pero admito que no tenía mi mejor día y casi se me saltan las lágrimas. Slash, que ha hecho de su chistera un icono inconfundible, se dejó la piel en el escenario utilizando todo tipo de guitarras. La habitual Gibson naranja, de doble mástil, acústicas... Con todas demostró que le encanta lo que hace. Es feliz, se mete a la gente en el bolsillo, y por eso no se corta para hacer un solo de diez minutos en Rocket Queen (vaya temazo que cerraba el Appetite). Los temas de su primer disco en solitario, del Apocalyptic Love y el reciente World On Fire no desentonan y son muy disfrutables en directo. Hasta el bajista, Todd Kerns, se atrevió a cantar Dr. Alibi y Welcome To The Jungle ante la algarabía general. Hay buen rollo entre ellos y por eso el show tuvo un ritmo alto, no desfalleció pese a mi extraña impresión de que algo faltaba. El final de fiesta (con confetti a lo Kiss) de Paradise City fue apoteósico y todos parecieron quedar satisfechos. Saul Hudson, que es el verdadero nombre del músico inglés, también acabó feliz tras su paso por España. Incluso en su Twitter avisaba a los promotores de que le guardaran más fechas en nuestro país para el futuro. Espero que así sea y allí estaré, con nostalgia, aunque seguro que tendré un día mejor. Lo prometo.
sábado, 20 de junio de 2015
How To Be A Man: libro y EP del inquieto ex bajista de Guns N' Roses Duff McKagan
Otro que no se queda tranquilo ni aunque lo aten. Si en posts anteriores hablaba de Corey Taylor y Dave Grohl como dos de los músicos más inquietos del rock, Michael Andrew Duff McKagan no está muy por detrás de ellos en actividad. El que fuera bajista de la época dorada de los añorados Guns N' Roses, los auténticos, siempre está involucrado en multitud de proyectos en los que demuestra su enorme versatilidad. Y rodeado de lo mejorcito que se puede encontrar por ahí para darles forma. Ya cuando estaba al servicio de su banda madre, con esa imagen de estar colgado casi siempre, se hacía cargo de las tareas vocales en lugar de Axl en algún tema como So Fine (Use Your Illusion II). Sus raíces punk le venían como anillo al dedo a la versión en directo de Attitude, de los Misfits. Luego se incluyó en el Spaguetti Incident, el último disco del grupo original en el que rendían tributo, precisamente, a tan desarraigada tendencia musical. Duff pone su voz a varias canciones y, personalmente, creo que You Can't Put Your Arms Around A Memory, de Johnny Thunders, les quedó de fábula. A partir de la separación de los últimos bad boys del rock and roll, son innumerables las formaciones que él mismo puso en marcha o en las que participa. Por orden cronológico, pero a la inversa, lo último que se sabe de él, además de haber tocado el bajo como invitado con Axl y sus mercenarios, es la reciente publicación de la biografía How To Be A Man (And Other Illusions). Un libro que viene acompañado de un EP de tres canciones en el que participan Jerry Cantrell, de Alice In Chains, y su ex compañero de los Guns, Izzy Stradlin. La canción que da título a la obra es semiacústica, pero muy atractiva, con un toque muy a lo Cantrell. De hecho, Duff nació hace 51 en años Seattle, por lo que sus vínculos con el grunge siempre han sido lógicos. Los otros dos temas, Punker y Kill The Internet, son más eléctricos y se describen por sí solos con el título: una punk y la otra más moderna. Me convence esta corta propina e intentaré hacerme con el libro, porque seguro que desvela algún trapo sucio sobre aquellos tiempos degenerados en Los Ángeles.
Volviendo a la conexión Seattle, no se puede pasar por alto su participación en Walking Papers. En 2012 vio la luz su primer disco (espero que no único) repleto de un variopinto espectro de influencias. De la batería se hace cargo Barrett Martin, de Screaming Trees y el descubrimiento, al menos para mí, es el vocalista Jeff Angell. Les vi en directo en el Hellfest del año pasado y pese a que el calor nos estaba derritiendo, ahí había calidad a raudales. Canciones tranquilas, otras menos, estructuras muy cuidadas y la guinda en el estudio la pone la guitarra invitada de Mike McCready, de Pearl Jam. Se supone que son unos amigos que se juntaron para pasar un buen rato grabando. Pues que queden otra vez, porque el resultado es óptimo. Echando la vista un poco más atrás, Duff y los Loaded es su banda más prolífica en lanzamientos, aunque confieso que es a la que menos atención he prestado. Pese a todo lo que ocurrió con Slash y Matt Sorum en el final de los Gn'R, nunca perdió el contacto con ellos y los tres forman parte (creo que la banda existe aún) de Velvet Revolver. Ya dije en otra ocasión que, en mi opinión, se equivocaron al elegir a Scott Weiland como frontman. Pese a todo, Contraband (2004) y Libertad (2007) se dejan escuchar y tienen sus momentos. En 1996, el bajista rubio formó parte del mejor proyecto en el que ha estado: Neurotic Outsiders. Junto Steve Jones de los Pistols y Andy Taylor, de Duran Duran (Sorum en los tambores) crearon un discazo soberbio. El sonido es nítido, arrollador, con una base punk que se diversifica en el hard rock americano más puro. Una maravilla que, tristemente, se quedó ahí con unos documentos de mal sonido que se encuentran en la red que tiran para atrás. Por una reunión de esta gente pagaría lo que fuera, igual que de los Guns N' Roses originales. Son continuos los rumores (casi semanales) sobre el regreso de Axl y compañía y yo no me los creo. Sería más fácil que Messi fichara por el Madrid, aunque si Figo ya se cambió de acera... ¿Quién sabe?
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